A recordar

19 de septiembre de 2018

Porqué ¡No a Vaca Muerta! y cómo se da el potencial de otro país-mundo desde las luchas antiextractivistas.

Hidrocarburos y ambiente en la Argentina: Misceláneas de una relación problemática, de los pingüinos empetrolados al fracking
Hernán Scandizzo1
Resumen
Nos proponemos un acercamiento a la problemática relación producción de hidrocarburos / ambiente, partiendo de la necesidad de elaboraciones colectivas para intervenir en las definiciones de la política energética. Decimos que es una relación problemática por los impactos socio-ambientales resultantes de la actividad -degradación y contaminación del suelo, agua y aire y sus derivaciones en la salud de humanos y no humanos, etc.-, pero también por los abordajes que se hacen de esta relación desde diferentes instancias gubernamentales y de la sociedad civil.

A partir del racconto de momentos de las últimas tres décadas en que se puso en tensión la problemática relación hidrocarburos-ambiente nos detenemos en las sensibilidades colectivas que se manifiestan en torno a los impactos de esta actividad; las demandas de organizaciones políticas, indígenas y sindicales, y también en los usos de lo ambiental en la relación estados-empresas.

Desde la década de 1980, en diferentes puntos del país, grupos ecologistas impulsaron campañas contra la construcción de represas, emprendimientos forestales y piscícolas; también contra el agro-negocio, la instalación de centrales y repositorios nucleares y de industrias petroquímicas, entre otros.2 Sin embargo, fue en los primeros años de la década del 2000 en que, a fuerza de multitudinarias movilizaciones, las luchas socioambientales irrumpieron para quedarse en la agenda política. Dos hitos de aquel momento fueron el No a la Mina en Esquel, Chubut;3 y la oposición a la instalación de dos plantas de producción de pasta de celulosa en Fray Bentos (Uruguay), frente a la ciudad entrerriana de Gualeguaychú.4 En ese auge de las luchas socio-ambientales proliferaron espacios de participación/militancia como asambleas, foros y multisectoriales, desde los que se problematizó el modelo productivo y se impulsaron campañas.

Por entonces, la crítica a los impactos de la explotación de hidrocarburos tenía un lugar marginal en esa agenda; más que el cuestionamiento a la dependencia de una matriz energética preponderantemente fósil (gas, petróleo y carbón), se repudiaba al saqueo de éstos, perpetrado por empresas transnacionales como Repsol YPF. Una consecuencia de la privatización de la petrolera nacional, Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), y la liberalización del sector. En las décadas de 1990 y de 2000 la producción de hidrocarburos fue puesta en tensión en diversos momentos por conflictos territoriales y denuncias de contaminación que afectaban la calidad de vida de poblaciones humanas y no humanas. Sin embargo, recién 2012, con la irrupción de la técnica de fracturación hidráulica o fracking5, aplicada en yacimientos no convencionales, la crítica a esta actividad logró insertarse plenamente en la agenda socio-ambiental. Las fuertes campañas de rechazo al fracking, principalmente en Europa y Estados Unidos -por los riesgos e impactos ambientales asociados a su aplicación- contribuyeron a poner el tema en ese lugar, y se generaron fuertes movimientos de oposición en regiones sin antecedentes de extracción de gas y petróleo, como es el caso de las provincias de Entre Ríos y Buenos Aires.

La conquista del nuevo desierto
En los primeros años de la década de 1990 se inició un proceso simultáneo de privatización, desregulación, federalización y transnacionalización del sector. La empresa estatal YPF fue convertida en una sociedad anónima y sus acciones –en principio en poder de la Nación y las provincias productoras- fueron vendidas hasta que, en 1999, fue controlada casi en su totalidad por la compañía española Repsol -el Estado mantuvo el derecho a participar de las decisiones del consejo directivo y el poder de veto. En tanto el dominio del gas y el petróleo pasó de la Nación a las provincias -en un proceso que comenzó con la sanción de la Ley 24.145 en 1992, conocida como Ley de Federalización de Hidrocarburos y Privatización de YPF, continuó con la reforma de la Constitución Nacional en 1994 y culminó en 2006 con la sanción de la ley 26.197, conocida como Ley Corta. En ese marco de transformaciones, el gas y el petróleo perdieron su carácter de recurso estratégico -uno de los puntales de la épica nacional desarrollista argentina- para convertirse en un commodity;7 y se incrementaron los niveles de extracción a partir de la puesta en producción de áreas que habían sido exploradas por la empresa estatal y permanecían en reserva. Este proceso de ampliación de la frontera extractiva, fue acompañado por una serie de obras de infraestructura para el transporte y exportación.8 Una consecuencia de estas transformaciones fue el avance de la actividad hidrocarburífera sobre territorios de comunidades indígenas, lo que desencadenó una serie de conflictos.9 Conflictos que expresaban, además, la emergencia política de estos pueblos.10

Uno de los casos hito fue la lucha de la comunidad kolla Tinkunaku, en Orán, contra el tendido del gasoducto NorAndino, que atraviesa las provincias de Salta y Jujuy, y tenía como objetivo exportar gas a Chile. Los comuneros reclamaron el respeto a sus derechos territoriales y la protección de la selva de yungas. La demanda tuvo gran repercusión mediática, pero por la intervención de la organización ecologista Greenpeace, quizá se la recuerde más como una de las primeras cruzadas para evitar la extinción del yaguareté, cuyo hábitat era afectado por el proyecto (di Risio y Scandizzo, H., 2012: 125-127).

Otro caso emblemático es el de las comunidades mapuche Kaxipayin y Paynemil, en la provincia de Neuquén, detonado por el Proyecto Mega: la construcción de una planta separadora de gas y tendido de un gasoducto de 600 km hasta el polo petroquímico de Bahía Blanca (Gavaldà, M., 2003: 32-42; Red DESC, s/d). La obra implicó una mayor ocupación del territorio ambas comunidades, cercanas a la localidad de Añelo, que estaban afectadas por la explotación del mayor yacimiento de gas del país: Loma La Lata. En el marco de ese conflicto las familias mapuche denunciaron la contaminación a la que estaban expuestas de manera crónica. Eran tales las concentraciones de condensados de gasolina en las napas freáticas, de las que se abastecían los comuneros, que el líquido que extraían ardía al acercarle fuego. La ampliación de la frontera extractiva hacia áreas secundarias, que en algunos casos permanecían como reservas, también generó un desplazamiento de los conflictos territoriales.

De Loma La Lata, el foco de tensión se extendió a la zona centro de la provincia de Neuquén, a yacimientos cercanos a las ciudades de Cutral Co y Zapala, donde las comunidades Logko Puran y Gelay Ko protagonizaron cortes de ruta, bloqueos de locaciones y tomas de instalaciones petroleras para detener la perforación de pozos y demandar la implementación de los mecanismos de consulta y participación contemplados en el Convenio 169 sobre Pueblos Indígenas y Tribales de la OIT. La respuesta estatal fue la represión, judicialización y la estigmatización (Salgado, J.M.; Gomiz; M.M. et al., 2010).

Control del recurso y apropiación social de la renta

Los impactos socioeconómicos de la privatización de YPF –desempleo por reducción de personal y depresión de las economías regionales- se sintieron en las comarcas petroleras de todo el país y dieron lugar a puebladas en Cutral Co y Plaza Huincul, en la provincia de Neuquén, en junio de 1996 y abril de 1997; y en las localidades salteñas de Tartagal y Gral. Mosconi, en mayo y noviembre de 2000 y junio de 2001.


En ese contexto cobraron fuerza las movilizaciones de sindicatos y organizaciones políticas y populares que reclamaban la re-estatización de YPF y denunciaban el saqueo de los hidrocarburos; se focalizaban en el control del recurso y la apropiación social de la renta. La prórroga de la concesión del yacimiento Loma La Lata-Sierra Barrosa a Repsol YPF, firmada en 2000 por el entonces presidente de la Nación Fernando De la Rúa, diecisiete años antes de que venciera el contrato, funcionó como uno de los catalizadores de esa lucha (Dellatorre, 2000). De igual modo funcionaron la sanción de la llamada Ley Corta; 11 la renovación anticipada de la concesión del yacimiento Cerro Dragón a Pan American Energy, en 2007;12 y la prórroga anticipada de contratos petroleros implementada por el gobierno de Neuquén, en 2008.13

En el marco de esos procesos de movilización se conformaron organizaciones como el Movimiento por la Recuperación de la Energía Nacional Orientadora (Moreno), en 2001, constituido por un grupo de “militantes de distintas extracciones políticas, sociales y gremiales”, que “brega por el derecho del pueblo a la energía y la recuperación de todos nuestros recursos naturales” (Moreno, 2009); y el Nuevo Pensamiento Energético Latinoamericano (NPEL), en 2005, para “la generación de análisis y políticas que tengan como epicentro la integración de los trabajadores y que de su elaboración se desprenda la búsqueda de la puesta de los recursos naturales al servicio de la clase obrera y los pueblos” (NPEL, 2007: 13). La Confederación Mapuche del Neuquén -que nuclea a las comunidades de esa provincia-, también intervino en esas coyunturas, en sus planteos enfatizaba la violación de derechos territoriales y los impactos sanitarios, ambientales y culturales derivados de la extracción de hidrocarburos. Impactos que, a pesar de su magnitud, aparecían como un aspecto periférico en las críticas a las políticas hidrocarburíferas sostenidas por las organizaciones no indígenas.14

En 2008, con la creación del Observatorio Petrolero Sur (OPSur), se constituyó un colectivo que propone incorporar la perspectiva socio-ambiental a la lucha por el control público de los hidrocarburos y la apropiación social de la renta. En sus postulados, plantea además, la necesidad de democratizar la gestión de la energía y diversificar y desfosilizar la matriz (OPSur s/d).

Pingüinos y liberalización del sector 

Más arriba se hacía referencia a que mientras la comunidad Tinkunaku del Pueblo Kolla planteaba la defensa de su territorio y la protección de la selva de yungas como eje de la oposición al trazado del gasoducto NorAndino, la organización ecologista Greenpeace ponía el acento en que se afectaba el hábitat del yaguareté, una especie amenazada (Greenpeace Argentina, 2002; Clarín, 1998; La Nación 1998a y 1998b). La atención puesta en el impacto de la actividad hidrocarburífera sobre la vida silvestre no se dio sólo en ese caso, sino que fue el enfoque preponderante en las coberturas periodísticas de comienzos de la década de 1990, al menos de la prensa de Buenos Aires. La aparición masiva de pingüinos empetrolados en las costas del Atlántico Sur, en 1991, tuvo un abordaje similar. Incluso se pusieron en cuestión prácticas extendidas hasta ese momento en la producción de hidrocarburos como el uso de piletas de purga15, porque se transformaban en trampas mortales para las aves, que las confundían con espejos de agua en sus rutas migratorias. Estas referencias no son en función de caricaturizar ni de desestimar la defensa de vidas no humanas, sino marcar la ausencia de un abordaje integral de la problemática, que por una estrategia comunicacional o por convicción, ponía el acento en los impactos sobre la vida silvestre y no sobre el conjunto.16 ¿Qué expresaba la aparición masiva de pingüinos en esas condiciones? Según investigaciones posteriores, eran un emergente del proceso de privatizaciones y liberalización del mercado hidrocarburífero. El biólogo Pablo García Borboroglu, del Centro Nacional Patagónico —dependiente del Conicet— y su colega Dee Boersma, de la Universidad de Washington, analizaron los relevamientos de 26 instituciones que registran y/o rehabilitan aves marinas empetroladas, desde Fortaleza (Brasil) hasta San Antonio Oeste (Argentina). A la luz de los datos de explotación y comercio de crudo, observaron "un dramático incremento [de pingüinos empetrolados] a mediados de los 90, coincidente con el crecimiento exponencial de exportaciones de petróleo en Argentina" (Borboroglu, P., Boersma, P. Reyes, L. et al., 2008).17 El foco sólo en los pingüinos -y otras especies no humanas empetroladas o en riesgo- funcionó para plantear un tema novedoso para quienes vivían alejados de los yacimientos: la producción de petróleo afecta a la Naturaleza. Naturaleza de la que no eran parte los seres humanos.

Pueblos empetrolados

En la segunda mitad de la década de 1990 tomaron estado público dos casos de poblaciones empetroladas: las comunidades mapuche Kaxipayiñ y Paynemil, en Neuquén, y Koluel Kaike, en Santa Cruz. En ambos se denunció la contaminación con hidrocarburos de las aguas subterráneas utilizadas para consumo. Quizá que los casos de las poblaciones empetroladas no sean tan recordados, como el de los pingüinos u otras especies -a pesar de que también tuvieron cobertura mediática-, de alguna manera habilita a que se repitan situaciones similares, como las denunciadas por vecinos de Caleta Córdova tras el derrame de crudo de diciembre de 2007, e incluso también se cuestione la legitimidad de las personas empetroladas, cuando demandan que se garanticen sus derechos. Loma La Lata y los olvidos selectivos En Loma La Lata, cien kilómetros al norte de Neuquén capital, se explota el yacimiento gasífero más importante del país. Su descubrimiento y puesta en producción, a cargo de YPF estatal en 1978, fue un punto de inflexión para la economía neuquina y marcó la preeminencia de la provincia en el sector. Este yacimiento abarca ocho mil hectáreas del territorio de las comunidades mapuche Paynemil y Kaxipayiñ. En 1995 los Paynemil constataron que el agua de las napas que extraían para consumo tenía una particularidad: era inflamable -luego se confirmó la presencia de hidrocarburos.18 Al año siguiente el Estado provincial, a través de estudios realizados por la Subsecretaría Provincial de Salud, certificó que los comuneros tenían elevados niveles de metales pesados en sus cuerpos (La Nación, 2002).

 En 1997 la entonces Defensora de la Niñez y la Adolescencia de Neuquén, Nara Osés, denunció al Estado provincial por no garantizar un medioambiente sano y la salud de la población. Obtuvo un fallo favorable del Tribunal Superior de Justicia neuquino, pero la inacción del Ejecutivo local hizo que el caso llegara a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos –instancia que aceptó la denuncia (caso 12.010) e intimó a la provincia y a Repsol-YPF a garantizar la provisión de agua segura (OPSur, 2010 y 2011).

Las demandas contra la provincia y la operadora del yacimiento no impidieron que en 2000 se prorrogara por diez años la concesión de Loma La Lata-Sierra Barrosa a Repsol-YPF. Dos años más tarde en la comunidad Kaxipayiñ se registró un caso de anencefalia (La Nación, 2002). La exposición crónica a un ambiente tóxico se había manifestado, también, a través de diferentes tipos de cáncer, pérdida de embarazos, afecciones en la piel, vista, aparato digestivo y sistema nervioso, que fueron constatados en estudios realizados en 2001, uno coordinado por el abogado Carlos Falaschi, con participación de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de Neuquén y la Universidad Nacional del Comahue, y otro por
los laboratorios privados Umweltschutz Argentina, Umweltschutz Nord GmbH y Caro Biotechnik GmbH. A pesar de las consecuencias sanitarias de vivir en un yacimiento en explotación, la comunidad Kaxipayiñ y, particularmente, su werken (vocero), Gabriel Cherqui, han sido instalados en el imaginario neuquino como el paradigma del mapuche que realiza denuncias ambientales y demandas territoriales para obtener réditos económicos (La Nación, 2000). Un estigma abonado desde hace casi dos décadas y reafirmado periódicamente tanto por medios de prensa (Clarín, 2017), como por funcionarios nacionales (Parlamentario.com, 2014). Sobre el deterioro de la salud de los comuneros y la degradación de su territorio campea el olvido. Koluel Kaike, un recuerdo difuso En 1999, a partir de una causa judicial iniciada en el juzgado federal de Comodoro Rivadavia, tomó estado público la situación ambiental de la localidad de Koluel Kaike, derivada de la explotación del área Piedra Clavada, a cargo de la empresa Pan American Energy (La Nación, 1999). A partir de una serie de pericias ordenadas por la Justicia se determinó que la población de la localidad del norte de Santa Cruz estaba expuesta a compuestos tóxicos acumulados en el suelo y aguas subterráneas. El caso se instaló en la agenda pública y desde el Senado de la Nación, en dos oportunidades, se presentaron pedidos de informes al Poder Ejecutivo Nacional. La causa judicial no prosperó, no por falta de elementos sino porque quedó paralizada por cuestiones burocráticas en 2006. La empresa aseguró que la denuncia de contaminación era parte de un intento de extorsión, sin embargo, instaló una planta de ósmosis inversa para tratar el agua con que se abastece a la localidad (OPI Santa Cruz, 2008). Luego de esa primera denuncia se sucedieron otras más, la última en 2013, en todas se destaca la lentitud de la operadora para remediar daños y adoptar normas de protección del ambiente (La Opinión Austral, 2013; Tiempo Sur, 2009).

La contaminación en Piedra Clavada fue tomada en 2007 como elemento para cuestionar la prórroga anticipada del contrato de concesión a PAE. Casi dos décadas más tarde el recuerdo de la contaminación en Koluel Kaike se vuelve difuso.

Caleta Córdova, queremos ser pingüinos
El 26 de diciembre de 2007 se produjo un derrame de hidrocarburos en Caleta Córdova, veinte kilómetros al norte del centro de Comodoro Rivadavia, durante la maniobra de carga de un buque de la empresa Antares Naviera en la monoboya de Termap S.A. Trescientos metros cúbicos de petróleo tiñeron de negro siete kilómetros de playas, acantilados, pesquerías; flora, fauna y gente. El hecho impactó en la memoria de los pobladores de la caleta de pescadores. En una entrevista realizada en 2011, Rosa Montecino, aseguró que a partir de ese episodio en el vecindario empezaron a contar los derrames. “A partir de ahí empezamos a tener una mirada un poco más profunda. Entonces empezamos a hilar más gente un poco más chico. Ahí fue donde impactó en la memoria, esa gran ola que llegó hasta la costa, pero siempre hubo derrames.” La llegada del petróleo a la costa, según Montecino, posibilitó que los vecinos y vecinas desnaturalizaran los derrames y que además percibieran otros impactos más allá de la marea negra. “No hay una mirada desde el Estado sobre cómo impacta el petróleo en la salud de la población que está en contacto directo. Sí hubo una mirada hacia los pingüinos, porque no solamente hay una contaminación de la vida de ese animal sino que hay una contaminación visual.

Pero en mí o en mis hijos, el petróleo no va a dejar una contaminación visual, seguramente va a dejar una contaminación residual, que puede llegar a provocar un cáncer”.19 Vecinos de Caleta Córdova denunciaron que tras el derrame comenzaron a registrarse enfermedades crónicas entre los pobladores y las adjudicaban a los diluyentes utilizados en la limpieza del crudo. A mediados de 2011 fue entregada a la Oficina de Protección de Derechos y Garantías de la Niñez, la Adultez y la Familia de Comodoro Rivadavia una lista de niños que sufrían afecciones en la piel y las vías respiratorias. El organismo convocó a autoridades del sistema de salud municipal y provincial, y al Foro Ambiental y Social de la Patagonia a integrar una mesa de trabajo. “Eran 18 niñitos con cuestiones respiratorias, alergias y cuadros dermatológicos varios”, recordó Liliana Murgas, que entonces trabajaba en la Oficina de Protección de Derechos y Garantías.20 “Cuando vinieron los vecinos empezamos a reunirnos con distintos profesionales para que nos dijeran qué pasaba. Lo que queríamos era que se hiciera un diagnóstico de esos chicos, pero no por el Centro de Salud del barrio, dependiente de la Municipalidad, sino por un dermatólogo infantil. Logramos que se acordara el traslado de esos chicos al Hospital Regional, que fueran vistos por un dermatólogo y un perito de parte. Todo con la firma de la directora del Hospital. ¿Y qué pasó? Nos enteramos que hicieron ese traslado, revisaron a los chicos y no convocaron a la Oficina de Derechos y Garantías ni al perito de parte, y luego dijeron que no había ningún tipo de problema. Lamentablemente no pudimos avanzar de ahí.”

Territorios de incertidumbre
Estos son algunos ejemplos de daños ambientales que tenían o podían tener impacto directo en la salud de la población, donde no eran pingüinos sino personas empetroladas. A dos décadas de las primeras denuncias, la invisibilización de estas problemáticas alimenta, en la población de ciudades y localidades yacimientos, la convicción de una mayor prevalencia de ciertas patologías respecto de otras regiones del país. “Lamentablemente hay poco trabajo [epidemiológico en Argentina] en relación a los problemas ambientales y a relacionar el ambiente con enfermedades no transmisibles, como el cáncer u otro tipo de enfermedades hemato-oncológicas, anemias importantes, perniciosas. Hay mucha información sobre los daños sobre la salud provocados por determinados contaminantes ambientales derivados del petróleo. Está bastante estudiado a nivel internacional, pero hay un gran déficit de estudios epidemiológicos locales, que uno pueda demostrar daños sobre la salud que provocaron determinadas situaciones ambientales”, se explayó la médica generalista Susana Muñoz, docente y coordinadora de la Tecnicatura Superior en Salud Comunitaria, en una entrevista realizada en 2016.21 “Comodoro [Rivadavia] estaría en una situación casi ideal para hacer eso, hay importantes sectores de la población que se podrían estudiar, que han estado en contacto, que siguen estando, porque viven en zonas donde había pozos petroleros o por contactos laborales. Hay muchas condiciones, pero no ha habido desarrollo”, se lamentó.

Emergencia y muerte de la cuestión ambiental en Neuquén
Por lo general los daños y pasivos ambientales de la actividad petrolera han sido invisibilizados por las diferentes instancias gubernamentales (municipal, provincial y nacional), aunque en contextos particulares asumen la existencia de tales impactos. Contextos particulares que tienen en común la fugacidad y que lo ambiental es instrumentado como variable de presión en negociaciones con empresas. En algunos casos eso explicitado en medios de prensa, como en mayo de 2006, cuando el Gobierno del Neuquén le quitó a la compañía Pioneer Natural Resources la licencia ambiental sobre tres áreas. En esa oportunidad el diario Río Negro destacó: “La sanción fue resuelta en el contexto de la ofensiva lanzada desde mediados del año pasado por [el gobernador Jorge] Sobisch contra las petroleras, cuando las intimó a liquidar las regalías sin deducir las retenciones a las exportaciones” (Río Negro, 2006). También se dio el caso de autoridades que lo expresaron en declaraciones a la prensa. En octubre de 2012 el entonces intendente de Comodoro Rivadavia, Néstor Di Pierro, se refirió a la creación de un fondo solidario a través del cual las empresas petroleras canalizarían aportes voluntarios al municipio. Consultado si creía que las operadoras acompañarían la iniciativa, el mandatario afirmó: “Tienen un problema: o se comprometen o nosotros las vamos a denunciar en todos los lugares donde podamos denunciarlas. Y vamos a avanzar muy fuertemente en el control del daño ambiental... El Estado tiene herramientas” (MU, 2012:4).

Y en el plano nacional esa situación se manifestó en 2012 y 2013, durante el proceso de expropiación del 51% de las acciones de Repsol YPF; los pasivos ambientales funcionaron como variable para negociar el monto de la compensación que se pagaría a la petrolera española (OPSur, 2013).

Neuquén, planes de diversificación productiva
En 1997 Felipe Sapag, en su quinto y último mandato como gobernador, lanzó el Plan Neuquén 2020. La provincia atravesaba un escenario contradictorio, por un lado los hidrocarburos se habían consolidado como el sector dominante del Producto Geográfico Bruto; por el otro, se registraba una baja del precio de barril de crudo, las reservas estaban en caída y se presagiaba un cercano fin del petróleo. Como telón de fondo, se robustecía una alta conflictividad social producto de la implementación de políticas de ajuste fiscal, tanto a nivel nacional como subnacional. La alternativa que proponía el Plan era diversificar la matriz productiva, apostando al desarrollo agroindustrial. En ese marco el Gobierno neuquino también advirtió, por primera vez, que la degradación del territorio por la explotación de hidrocarburos podía convertirse en un condicionante del desarrollo productivo. La afirmación del mandatario surgía de la conclusión de un informe elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) realizado por pedido de la provincia. El organismo había convocado para evaluar los daños ambientales en la localidad de Rincón de los Sauces luego de una serie de derrames que habían afectado la cuenca del río Colorado. Los pasivos ambientales y económicos de tres áreas petroleras fueron valuados en 949 millones pesos/dólares, que la Provincia reclamó sin suerte a las petroleras YPF, Pérez Companc y San Jorge (PNUD, 1998: 54). Una década más tarde, el primer avance del informe El riesgo de desastres en la planificación del territorio, también elaborado por el PNUD, advertía: “Los procesos de degradación que afectan la base productiva (sobre todo el recurso suelo) son de importancia central, si se tiene en cuenta que el modelo deseado territorial planteado por Neuquén propone un cambio en la matriz productiva, pasando de una economía basada en la actividad hidrocarburífera a otra más diversificada e integrada verticalmente, con predominio de la actividad agroindustrial. Este cambio también supone, hacia el futuro, una acción sobre los problemas de contaminación ligados a la explotación de hidrocarburos” (PNUD, 2010: 313). Diagnósticos similares fueron realizados en 2006 por el Concejo de Planificación y Acción para el Desarrollo (Copade) de la provincia, en el marco del Plan Estratégico Territorial, Argentina 2016. Sin embargo, los planes de diversificación productiva y la preocupación por los procesos de degradación de los suelos perdieron lugar en las prioridades de la agenda gubernamental a medida que el potencial de yacimientos no convencionales de gas y petróleo adjudicado a Neuquén auspiciaba años de bonanza.

“Ese parece ser el destino de Neuquén [proveer de energía al país], marcado por una historia petrolera de un siglo y por oportunidades de sus cuantiosos recursos hidrocarburíferos, hidráulicos, eólicos, solares y de biomasa. Pueden plantearse otros derroteros, pero no han aparecido propuestas viables y sustentables, capaces de dar trabajo a quienes habitan y habitarán la provincia a la par de suministrar al país la energía que necesita para su desarrollo”, escribió el ingeniero y diputado provincial Luis Sapag, en pleno auge de la explotación de yacimientos no convencionales en la cuenca Neuquina (2013: 137-138). Quizá esa afirmación sea la mejor síntesis del espíritu de euforia que embargaba (y embriagaba) a la clase dirigente local en la primera mitad de esta década.

Vaca Muerta
Al ponerse en marcha el proceso de puesta en valor de Vaca Muerta se desestimaron las advertencias realizadas por el PNUD en 1996 y 2010 en torno a los procesos de degradación de suelos y de agua. En el Plan de Desarrollo Estratégico de la Región Vaca Muerta, elaborado por el Ministerio de Planificación Federal y los gobiernos de Neuquén, Río Negro, Mendoza y La Pampa, no hay referencia al impacto ambiental de la actividad hidrocarburífera. Tampoco se plantea como problemática la ampliación de la frontera petrolera sobre tierras dedicadas a la producción frutícola -como ocurre en el Alto Valle del río Negro-; sólo se advierte la aceleración de los procesos de urbanización de esas tierras como resultante de la explosión demográfica dinamizada por la explotación de yacimientos no convencionales. En tiempos de Vaca Muerta, plantear en Neuquén objeciones a la ampliación de la frontera petrolera, en sintonía con las advertencias hechas por el PNUD o el mismo COPADE, era adjudicado por el gobernador Jorge Sapag y la vicegobernadora Ana Pechén a campañas de terrorismo ambiental (Multisectorial contra la Hidrofractura de Neuquén, 2013). No había lugar a criticar al fracking. A modo de cierre Han pasado casi dos décadas desde la aparición masiva de los pingüinos empetrolados y de las primeras denuncias de personas empetroladas, y sin embargo siguen sin ser asumidos cabalmente los riesgos sanitarios a los que están expuestos tanto las poblaciones urbanas, campesinas e indígenas que conviven directamente con la actividad, como también los trabajadores y trabajadoras del petróleo (quizá el sector más invisibilizado) y la Naturaleza no humana. En los diferentes momentos en que desde estamentos públicos se habilitó la discusión, el interés de fondo no siempre fue abordar la problemática. También es cierto que recién en los últimos años comenzó a adquirir cierta centralidad la problematización de la producción de hidrocarburos desde una perspectiva socio-ambiental y, para buena parte de las organizaciones sociales, políticas y sindicales la disputa central es por el control del recurso y la apropiación social de la renta, en un sector que permanece fuertemente trasnacionalizado a pesar de la estatización parcial de YPF. Como advertimos, a través de estás misceláneas buscamos problematizar la relación producción de hidrocarburos / ambiente, de ninguna manera agotamos las aristas posibles, y sabemos que cada una de ellas merece un desarrollo más profundo. Pero más allá de los límites de esta selección, intentamos presentar un panorama con elementos que no siempre aparecen relacionados, que no se los pone en diálogo, por ejemplo, el empetrolamiento de aves y pueblos como secuelas, también, del proceso de privatización y trasnacionalización del sector hidrocarburífero en la década de 1990. Una lectura confluente que no resuelve la problemática relación pero permite, al menos, acercar posiciones entre quienes piensan la producción de los hidrocarburos más allá del mercado.
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18 de septiembre de 2018

III. El crecimiento capitalista está siendo cuestionado en los países centrales.

Comentarios a un artículo de Clara Ramas
Sobre patrias democráticas y 
otros peligrosos oxímoron
18 de septiembre de 2018


Por Juan Domingo Sánchez Estop
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El artículo de Clara Ramas que comentamos aquí se titula Ocho claves para el patriotismo democrático que viene. Este artículo se integra dentro del esfuerzo de la dirección de grupos políticos populistas como Podemos por dar nueva legitimidad y lustre al término “patria”. Para ello se ha venido proponiendo que ese término adquiera, además de la tonalidad afectiva que ya añade a la idea de nación, contenidos progresistas, sociales y emancipatorios siguiendo el ejemplo de los populismos de izquierda de América Latina. El problema que se plantea con este término en España es triple: 1) por un lado, a diferencia de los países de América Latina, España no es un país ex-colonial sino un antiguo imperio, por lo cual la apelación a la patria tiene más una tonalidad de dominación que de emancipación; 2) a diferencia de Francia, que fundó con la Revolución una nueva nación teóricamente igualitaria, democrática y unitaria sobre los restos de los “países” en los que reinaba la monarquía absoluta, en España no triunfó revolución alguna, sino una de las más sanguinarias contrarrevoluciones, la dirigida por el general Franco, por lo cual las apelaciones a la patria son indisociables del Estado y de los lemas de sus aparatos represivos como la Guardia Civil, la Legión u otros cuerpos e institutos armados; 3) por último, el término patria es de difícil manejo en un contexto como el español en el que la pluralidad de nacionalidades y lenguas hace imposible una identificación sentimental universal y exclusiva como la que reclama para sí el significante patria. A pesar de las señaladas dificultades, no duda la autora en volver a proponer este significante a la izquierda española como elemento de aglutinación afectiva de un bloque hegemónico. Lo hace siendo consciente de todo lo anterior, aceptando por consiguiente la carga semántica y las asociaciones que el término ha adquirido en la reciente historia española. Ante un ascenso de los populismos de derechas que banalizan hoy el fascismo y su discurso, parece que según Clara Ramas, va siendo hora de que la izquierda recupere al menos en parte ese lenguaje para poder adquirir una posición hegemónica.
Y la autora lo hace mediante un texto sorprendente, que rompe las barreras antes existentes en la izquierda y realiza un extraordinario ejercicio de reapropiación de la retórica falangista para recuperar y resignificar el término “patria” como patria democrática, feminista, ecologista y centrada en los cuidados. Esta patria busca contraponerse al caos generado por el neoliberalismo, que es visto por la autora como fuente de desorden y no como un modo de regulación de las economías y sociedades capitalistas en el que vivimos desde hace más de cuatro décadas. Frente al caos y la inseguridad provocados por la crisis, que no se distingue del propio régimen de regulación neoliberal, es necesario recrear “comunidad”; la autora percibe en este empeño una cierta identidad entre sectores políticos abiertamente xenófobos y racistas y movimientos populares de resistencia a los efectos sociales del neoliberalismo. Resume Clara Ramas: “Construcciones políticas recientes de signo muy diverso tienen algo en común: frente a ese bloque neoliberal, tratan de refundar el lazo social y (re)construir un pueblo. Redefinir, pues, un sentido de patria”.

Esta comunidad (Gemeinschaft) era, para la sociología alemana de principios del XX y en concreto la de Ferdinand Tönnies, el término que se oponía a la sociedad individualista y egoísta basada en los intercambios comerciales a la que se reservaba el nombre de sociedad (Gesellschaft). La comunidad daba a esta última, sin llegar nunca a abolirla, un suplemento de alma, una tonalidad afectiva y un sentido colectivo. Frente al individualismo del mercado se yergue una comunidad que funciona como un todo orgánico dotado de una finalidad propia. El término comunidad, más allá de su uso liberal y vagamente socialdemócrata por Tönnies, que prefigura la problemática del ordoliberalismo alemán de postguerra, fue recuperado por el pensamiento nacional-socialista como Volksgemeinschaft, comunidad de pueblo basada en la raza.
Por otro lado, la autora hace gala de un idealismo radical en su método, coincidiendo en ello con otros escritores políticos españoles actuales. Este método abandona sistemáticamente toda perspectiva que tenga en cuenta la base material (al menos en este artículo, ya veremos en los siguientes) y se limita a una crítica moralizante de la realidad. El lugar de entenderla, prefiere ridiculizarla, lamentarla o maldecirla. Sin embargo, lo que se presenta como un caos y una "disolución" del vínculo social, como la desaparición de las identidades en la globalización, etcétera no dejan de ser unas relaciones sociales de producción bastante precisas que corresponden a la fase actual del capitalismo. Unas relaciones sociales de producción a las que corresponden modalidades específicas de la lucha de clases y formas específicas de configuración o recombinación de las identidades. Unas relaciones sociales de producción que solo existen ya dentro de una nueva geografía de la producción (nos lo están enseñando hoy mismo las luchas a escala europea de los trabajadores de Ryanair, pero antes las de los trabajadores de Uber, de los Sioux de Dakota, etc.), que la autora prefiere ignorar en lugar de pensar el modo de resistir a la explotación y la dominación en el marco material y geográfico existente.
A ello prefiere la autora un auténtico planteamiento hobbesiano en variante progre, en el cual la respuesta al caos y la inseguridad no es la organización de las resistencias sociales partiendo de la diversidad realmente existente, sino la creación de una auténtica palabra de mando, "patria", por la que un mando político enérgico enderece a cada uno de los países hacia su destino nacional, haciéndoles recuperar su identidad, más allá del “caos” y de la lucha de clases realmente existente. Se trata de regresar a una supuesta soberanía de los Estados como única base posible de la democracia, en un tiempo en el que esa soberanía solo existe en su aspecto represivo y ha perdido toda posibilidad efectiva de intervención sobre una base material que ya no está sometida al dominio territorial de ningún Estado.
Althusser hablaba con ironía de cierto marxismo que ve en la lucha de clases un enfrentamiento entre dos grupos humanos perfectamente identificados, equipados y hasta uniformados, como si fuera un partido de rugby o de fútbol. Esta ilusión se basa en el prejuicio sociológico que hace preceder las clases a su lucha, cuando las clases solo son el resultado de unas relaciones sociales concretas basadas en la expropiación y la explotación. La lucha de clases precede a las clases, lo cual abre naturalmente un gran margen para que estas tengan una composición harto compleja y contradictoria, como la que hoy conocemos. Muchos son hoy quienes frente a la complejidad de las nuevas formas de explotación y resistencia prefieren afirmar que la lucha de clases ha desaparecido por incomparecencia de las clases. Hay quien intenta hacer revivir a la clase obrera mediante una nueva versión del espiritismo, como la que propugna Daniel Bernabé en su panfleto contra la “diversidad”, pero Clara Ramas prefiere sencillamente ignorarla. El antagonismo de clases es sustituido por una oposición abstracta y binaria entre soberanía y "globocracia", pueblos y finanzas que recuerda mucho a la dicotomía mussoliniana entre las "naciones proletarias" como Italia y las "naciones plutocráticas" de orientación cosmopolita. La solución propuesta va por el mismo camino: recuperar la patria, la soberanía, el sentido del Estado, eso sí en sentido “democrático”. Sin embargo, nada de eso habría chocado al pensamiento fascista, pues este se mueve, como nos enseñaba Jean-Pierre Faye en sus Lenguajes totalitarios, por unión de términos con sentidos contradictorios: “nacional-socialismo”, “revolución conservadora”, “nacionales de todos los países uníos” y –por qué no– “patriotismo democrático” puesto que, como sostiene Carl Schmitt, la democracia es la identidad entre gobernantes y gobernados y esta nunca es más pura que cuando existe una plena identificación con el mando, como la que el significante patria reclama. Sabemos desde Maquiavelo, Spinoza y Marx que la democracia se compadece mal con la estructura de mando separada que se llama Estado, aunque este se presente como una “comunidad de trascendencia” (Errejón) o como “unidad de destino en una patria común frente al desarraigo global”. La democracia tiende a eliminar la separación entre gobernantes y gobernados, pero no a través de la trascendencia y de la identificación con un representante o un mando, sino mediante la integración efectiva de la multitud en las instituciones políticas.
Podrá decirse que se trata sólo de ideas, pero esas ideas existen socialmente bajo la forma de palabras con una historia. Puede resultar ingenuo el idealismo de Bernabé, para quien el 11 de septiembre fue un choque de ideas y la historia reciente una lucha de ideas en la que destaca la oposición entre la idea de la diversidad y la, no menos idea, de la lucha de clases (pues tampoco este autor parece preocuparse mínimamente por lo que Marx llamaba "la base material"), pero Clara Ramos da un paso más y nos introduce deliberadamente en gigantomaquias de ideas que serían hoy ridículas si su cercanía al discurso abiertamente fascista no espantara.
Juan Domingo Sánchez Estop es escritor y filósofo independiente. Colabora con el Centre de philosophie de la ULB en Bruselas. Traductor de la correspondencia de Spinoza al español (Hiperión, 1986) y autor de numerosas publicaciones sobre Spinoza, Althusser y el materialismo. Es miembro del consejo de redacción de las revistas Décalages y Demarcaciones. Autor de La dominación liberal-Ensayo sobre el liberalismo como dispositivo de poder (Ciempozuelos, Tierradenadie, 2013, La Habana, Ciencias Sociales, 2015). Ex-miembro del círculo Podemos-Bélgica.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=246639

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II. El crecimiento capitalista está siendo cuestionado en los países centrales.

Carta abierta de más de un centenar de científicos a la Unión Europea
Europa, ha llegado 
el momento de terminar
con la dependencia del crecimiento.
18 de septiembre de 2018
Por El diario


Esta semana, científicos y políticos se encontrarán en una   conferencia clave que se va a celebrar en Bruselas. El objetivo de este encuentro, organizado por los miembros de cinco grupos políticos del Parlamento Europeo, junto con sindicatos y ONG, es el de explorar las posibilidades para una “economía del post-crecimiento” en Europa.
Durante las últimas siete décadas, el crecimiento del PIB ha sido el objetivo económico prioritario de las naciones europeas. Sin embargo, así como nuestras economías han ido creciendo, también lo han hecho los impactos negativos sobre el medio ambiente. Actualmente estamos excediendo el espacio de operación segura (safe operating space en inglés) para la humanidad, y tampoco hay ninguna señal de que la actividad económica se esté desacoplando respecto del uso de recursos o que la contaminación esté disminuyendo en la escala requerida. Hoy, la solución de los problemas sociales entre las naciones europeas no requiere mayor crecimiento. En cambio, se requiere una distribución de la renta y de la riqueza más justa de la que tenemos.
El crecimiento se está convirtiendo en un objetivo cada vez más difícil de alcanzar debido a la caída de las ganancias en productividad, la saturación del mercado y la degradación ecológica. Si la tendencia actual continúa,puede no haber crecimiento en Europa en una década. Ahora mismo la respuesta consiste en intentar activar el crecimiento mediante la expansión de la deuda, el desmantelamiento de las regulaciones ambientales, la extensión de las jornadas de trabajo, y los recortes sociales. Esta agresiva persecución del crecimiento a cualquier coste fragmenta la sociedad, crea inestabilidad económica, y destruye la democracia.

Quienes están en el poder no han intentado hacer nada sobre estas cuestiones, al menos hasta ahora. El proyecto de la Comisión Europea Beyond GDP (Más allá del PIB) acabó convirtiéndose   GDP and Beyond (El PIB y Más allá). El mantra oficial sigue siendo el del crecimiento — revestido con el añadido de “sostenible”, “verde”, o “inclusivo” —, pero el crecimiento en primer lugar y prioritariamente. Incluso los nuevos Objetivos del Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas incluyen el objetivo del crecimiento económico como meta política para todos los países, a pesar de la contradicción fundamental entre crecimiento y sostenibilidad.
La buena noticia es que ha emergido un movimiento post-crecimiento desde la sociedad civil y el mundo académico. Este movimiento ha surgido bajo diferentes términos en diferentes lugares:   décroissance(decrecimiento en francés), Postwachstum (decrecimiento en alemán),  steady-state (estado estacionario) odoughnut economics (economía rosquilla),  prosperity without growth (prosperidad sin crecimiento), por citar unos pocos. Desde el año 2008 se han celebrado de manera regular  conferencias sobre el decrecimiento a las que han asistido miles de participantes. Una nueva iniciativa global, la Wellbeing Economies Alliance (or WE-All) (Alianza de Economías del Bienestar), está realizando conexiones entre estos movimientos, mientras que la red europea de economía post-crecimiento está trabajando con nuevos ‘”modelos macroeconómicos ecológicos”. Estos trabajos sugieren que es posible mejorar la calidad de vida, restaurar la Biosfera reducir la desigualdad, y proveer trabajos decentes y con sentido –todo ello sin la necesidad de crecimiento económico, siempre que se lleven a cabo políticas orientadas a superar nuestra actual dependencia del crecimiento-.
Algunos de los   cambios que han sido propuestos incluyen límites al uso de recursos, fiscalización progresiva para detener la creciente desigualdad, y la reducción gradual del tiempo de trabajo. El uso de recursos podría frenarse mediante la introducción de un impuesto sobre el carbono, y los ingresos podrían retornarse como un dividendo para todos o utilizarse para financiar programas sociales. La introducción de una renta básica y máxima permitiría reducir todavía más la desigualdad, mientras que al mismo tiempo ayudaría a redistribuir el trabajo de los cuidados y disminuir los desequilibrios del poder que socavan la democracia. Las nuevas tecnologías podrían emplearse para reducir el tiempo de trabajo y mejorar la calidad de vida, en lugar de utilizarse como se hace hoy en día para despedir masas de trabajadores y aumentar los beneficios de unos pocos privilegiados.
Dada la gravedad de la situación, sería una irresponsabilidad que la clase política no explorara las posibilidades para un futuro sobre la base del post-crecimiento. La conferencia que tendrá lugar en Bruselas es un inicio prometedor. Sin embargo, se necesitan compromisos mucho más contundentes. Como grupo de científicos sociales y naturales comprometidos y presentes en toda Europa, hacemos un llamamiento a la Unión Europea, sus instituciones, y estados miembros para:
1. Constituir una comisión especial sobre el Futuro en Post-Crecimiento en el Parlamento de la UE. Esta comisión debería debatir activamente sobre el futuro del crecimiento, concebir políticas alternativas para unos futuros de post-crecimiento, y reconsiderar la persecución del crecimiento como un objetivo general de todas las políticas.
2. Incorporar indicadores alternativos en los marcos macroeconómicos de la UE y sus estados miembros. Las políticas económicas deberían ser evaluadas en relación con su impacto sobre el bienestar humano, el uso de recursos, la desigualdad, y la generación de trabajo decente. Estos indicadores deberían tener mayor importancia en los procesos de decisión que el PIB.
3. Transformar el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC) en Pacto de Estabilidad y Bienestar (PEB). El PEC es un conjunto de normas orientadas para limitar los déficits públicos y la deuda pública. El pacto debería ser revisado para garantizar que los estados miembros puedan satisfacer las necesidades básicas de la ciudadanía, al mismo tiempo que se reduce el uso de recursos y las emisiones contaminantes a unos niveles sostenibles.
4. Crear un Ministerio para la Transición Económica en cada uno de los estados miembros. Una nueva economía que se centre directamente en el bienestar humano y ecológico podría ofrecer un futuro mucho mejor que aquel que estructuralmente depende del crecimiento económico.
ALGUNAS FIRMAS (para ver el listado completo pincha AQUÍ ):
Dr Dan O'Neill, Associate Professor, University of Leeds, UK
Dr Federico Demaria, Researcher, Universitat Autònoma de Barcelona, Spain
Dr Giorgos Kallis, Professor, Universitat Autònoma de Barcelona, Spain
Dr Kate Raworth, Lecturer, Oxford University, UK
Dr Tim Jackson, Professor, University of Surrey, UK
Dr Jason Hickel, Lecturer, Goldsmiths, University of London, UK
Dr Lorenzo Fioramonti, Professor, University of Pretoria, South Africa
Dr Marta Conde, President of Research & Degrowth, Spain
Dr Kevin Anderson, Deputy Director, Tyndall Centre for Climate Change Research, UK
Dr Saskia Sassen, Professor of Sociology, Columbia University, USA
Dr. David Graeber, Professor, London School of Economics, UK
Dr. Ann Pettifor, Director, Policy Research in Macroeconomics (PRIME), UK
Dr Serge Latouche, Université Paris Sud, France
Dr Kate Pickett, Professor, University of York, UK
Dr Susan George, President of the Transnational Institute-TNI, Netherlands
Dr Joan Martinez Alier, Professor, Universitat Autònoma de Barcelona, Spain
Dr Juan Carlos Monedero Fernández, Universidad Complutense de Madrid, Spain
Dr Dominique Méda, Professor, University Paris Dauphine, France
Dr Ian Gough, Visiting Professor, London School of Economics, UK
Dr Lourdes Beneria, Professor Emerita, Cornell University, USA
Dr Inge Røpke, Professor, Aalborg University, Denmark
Dr Niko Paech, Professor, University of Siegen, Germany
Dr Jean Gadrey, Professor, University of Lille, France
Dr Nadia Johanisova, Lecturer, Masaryk University, Brno, Czech Republic
Dr Wolfgang Sachs, Research Director Emeritus, Wuppertal Institut, Germany
Dr Stefania Barca, Senior Researcher, Centre for Social Studies, University of Coimbra, Portugal
Dr Gilbert Rist, Emeritus Professor, Graduate Institute of International and Development Studies, Switzerland
Dr György Pataki, Professor, Corvinus University of Budapest, Hungary
Dr Simone D'Alessandro, Professor, University of Pisa, Italy
Dr Iñigo Capellán-Pérez, Researcher, University of Valladolid, Spain
Dr Amaia Pérez Orozco, Researcher, Colectiva XXK, Spain
Dr Max Koch, Professor, Lund University, Sweden
Dr Fabrice Flipo, Professor, Institut Mines Télécom-BS et LCSP Paris 7 Diderot, France
Dr Matthias Schmelzer, Researcher, University of Jena and Konzeptwerk Neue Ökonomie, Germany
Dr Óscar Carpintero, Associate Professor, University of Valladolid, Spain
Dr Hubert Buch-Hansen, Associate Professor, Copenhagen Business School, Denmark
Dr Christos Zografos, Pompeu Fabra University, Spain
Dr Tereza Stöckelová, Associate Professor, Institute of Sociology of the Czech Academy of Sciences, Czech Republic
Dr Alf Hornborg, Professor, Lund University, Sweden
Dr Eric Clark, Professor, Lund University, Sweden
Dr Miklós Antal, Researcher, University of Leeds, UK.
Dr Jordi Roca Jusmet, Professor, Universitat de Barcelona, Spain
Dr Philippe Defeyt, Chairman, Institute for Sustainable Development, Belgium
Dr Erik Swyngedouw, Professor, University of Manchester, UK
Dr Christian Kerschner, Assistant Professor, Modul University Vienna, Austria
Dr Agata Hummel, Assistant Professor, University of Adam Mickiewicz, Poland
Dr Frank Moulaert, Emeritus Professor, Katholieke Universiteit Leuven, Belgium
Dr Frank Adler, Researcher, Brandenburg-Berlin Institute for Social Scientific Research, Germany
Dr Janne I. Hukkinen, Professor, University of Helsinki, Finland
Dr Jorge Riechmann, Professor, Universidad Autónoma de Madrid, Spain
Samuel Martín-Sosa Rodríguez, Responsable de Internacional, Ecologistas en Acción, Spain
Dr John Barry, Professor, Queen’s University Belfast, Northern Ireland
Dr Linda Nierling, Senior Scientist, Karlsruhe Institute of Technology, Germany
Dr Ines Omann, Senior Researcher, Austrian Foundation for Development Research, Austria
Dr Hug March, Associate Professor, Universitat Oberta de Catalunya, Spain
Dr Jakub Kronenberg, Associate Professor, University of Lodz, Poland
Yayo Herrero, Miembro del Foro de Transiciones, Spain
Dr Isabelle Anguelovski, Professor, Universitat Autònoma de Barcelona, Spain
Dr François Schneider, Researcher, Research & Degrowth, France
Dr Vasilis Kostakis, Senior Researcher, Tallinn University of Technology, Estonia
Dr Enric Tello, Professor, University of Barcelona, Spain
Dr Andrew Sayer, Professor, Lancaster University, UK
Dr Kate Soper, Emerita Professor, London Metropolitan University, UK
Dr Klaus Hubacek, Professor, International Institute for Applied Systems Analysis, Austria
Dr Brent Bleys, Assistant Professor, Ghent University, Belgium
Dr Jill Jäger, Independent Scholar, Vienna, Austria
Dr Mauro Gallegati, Professor, Università Politecnica delle Marche, Italy
Dr Peadar Kirby, Professor Emeritus, University of Limerick, Ireland
Dr Inés Marco, Researcher, University of Barcelona, Spain
Dr Ivan Murray Mas, Assistant Lecturer, Universitat de les Illes Balears, Spain
Dr Alexandros Kioupkiolis, Assistant Professor, Aristotle University of Thessaloniki, Greece
Dr Aurore Lalucq, Co-Director, Veblen Institute, France
Dr Gaël Plumecocq, Researcher, French National Institute for Agricultural Research (INRA), France
Dr David Soto Fernández, Associate Professor, Universidad Pablo de Olavide, Spain
Dr Christian Kimmich, Researcher, Masaryk University Brno, Czech Republic
Dr Giacomo D'Alisa, Researcher, Centre for Social Studies, University of Coimbra, Portugal
Dr Seth Schindler, Senior Lecturer, University of Manchester, UK
Dr Philippe Roman, Researcher, ICHEC Brussels Management School, Belgium
Dr Lorenzo Pellegrini, Associate Professor, Erasmus University Rotterdam, Netherlands
Dr Erik Gómez-Baggethun, Professor, Norwegian University of Life Sciences, Norway
Dr Tommaso Luzzati, Assistant Professor, University of Pisa, Italy
Dr Christoph Gran, ZOE Institute for Future Fit Economies, Germany
Dr Tor A. Benjaminsen, Professor, Norwegian University of Life Sciences, Norway
Dr Barry McMullin, Professor, Dublin City University, Ireland
Dr Edwin Zaccai, Professor, Université Libre de Bruxelles, Belgium
Dr Jens Friis Lund, Professor, University of Copenhagen, Denmark
Dr Pierre Ozer, Researcher, Université de Liège, Belgium
Dr Louison Cahen-Fourot, Researcher, Institute for Ecological Economics, Wirtschaftsuniversität Vienna, Austria
Dr Tommaso Rondinella, Researcher, Italian National Institute of Statistics, Italy
Dr Julia Steinberger, Associate Professor, University of Leeds, UK
Dr Andrew Fanning, Marie Curie Research Fellow, University of Leeds, UK
Jose Luis Fdez Casadevante Kois, Miembro del Foro Transiciones, Spain
Dr Seema Arora-Jonsson, Professor, Swedish University of Agricultural Sciences, Sweden
Dr Astrid Agenjo Calderón, Lecturer, Universidad Pablo de Olavide, Spain
Dr Tom Bauler, Professor, Université Libre de Bruxelles, Belgium
Dr Gregers Andersen, Independent Researcher, Denmark
Dr Peter Söderbaum, Professor Emeritus, Mälardalen University, Sweden
Dr Lourenzo Fernandez Priero, Professor, Universidade de Santiago de Compostela, Spain
Dr John R Porter, Emeritus Professor, University of Copenhagen, Denmark
Dr François Thoreau, Senior Researcher, University of Liege, France
Mariagiulia Costanzo Talarico, Researcher, Universidad Pablo de Olavide, Spain
Dr Maria Nikolaidi, Senior Lecturer, University of Greenwich, UK
Dr Ekaterina Chertkovskaya, Lecturer, Lund University, Sweden
Dr Stefan Gaarsmand Jacobsen, Assistant Professor, University of Roskilde, Denmark
Dimitar Sabev, Researcher, University of National and World Economy, Bulgaria
Dr Mladen Domazet, Research Director, Institute for Political Ecology, Croatia
Dr Hans Diefenbacher, Professor, University of Heidelberg, Germany
Dr Marco Armiero, Director of the Environmental Humanities Laboratory, Royal Institute of Technology, Sweden
Dr Irene Ring, Professor, Technische Universität Dresden, Germany
Dr Christine Bauhardt, Professor, Humboldt-Universität zu Berlin, Germany
Dr Dominique Bourg, Professor, University of Lausanne, Switzerland
Dr Tomas Ryska, Lecturer, University of Economics, Czech Republic
Dr Filka Sekulova, Researcher, Universitat Autònoma de Barcelona, Spain
Dr Andrej Lukšič, Associate Professor, University of Ljubljana, Slovenia
Dr Adrian Smith, Professor, University of Sussex, UK 
Dr Serenella Iovino, Professor, Università di Torino, Italy
Dr Helga Kromp-Kolb, Professor, University of Renewable Resources and Life Sciences, Vienna, Austria
Dr Roberto De Vogli, Associate Professor, University of Padova, Italy
Dr Danijela Dolenec, Assistant Professor, University of Zagreb, Croatia
Dr Alexandra Köves, Senior Lecturer, Corvinus University of Budapest, Hungary
Dr Antoine Bailleux, Professor, Université Saint-Louis - Bruxelles, Belgium
Dr Christof Mauch, Director, Rachel Carson Centre for Environment and Society, Germany
Ajda Pistotnik, Independent Researcher, EnaBanda, Slovenia
Dr Branko Ančić, Researcher, Institute for Social Research for Social Research in Zagreb, Croatia
Dr Marija Brajdic Vukovic, Assistant Professor, University of Zagreb, Croatia
Dr Manuel González de Molina, Professor, Universidad Pablo de Olavide, Spain
Dr Kye Askins, Reader, University of Glasgow, UK
Dr Carlos de Castro Carranza, Profesor Titular de Física Aplicada, Universidad de Valladolid, Spain
Dr Annika Pissin, Researcher, Lund University, Sweden
Dr Eva Fraňková, Assistant Professor, Masaryk University, Czech Republic
Dr Helga Kromp-Kolb, Professor, University of Renewable Resources and Life Sciences, Vienna, Austria
Dr Lidija Živčič, Senior Expert, Focus, Association for Sustainable Development, Slovenia
Dr Martin Pogačar, Research Fellow, ZRC SAZU, Slovenia
Dr Peter Nielsen, Associate Professor, Roskilde University, Denmark
Yaryna Khmara, Researcher, University of Lodz, Poland
Dr Ika Darnhofer, Associate Professor, University of Natural Resources and Life Sciences, Austria
Dr Isabelle Cassiers, Professor, Université catholique de Louvain, Belgium
Dr Mihnea Tanasescu, Researcher, Research Foundation Flanders (FWO) and Vrije Universiteit Brussel (VUB), Belgium
Dr Daniel Hausknost, Assistant Professor, Institute for Social Change and Sustainability, Vienna University of Economics and Business, Austria
Dr Christoph Görg, Professor, University of Natural Resources and Life Sciences Vienna, Austria
Dr Andreas Novy, Professor, Vienna University of Economics and Business, Austria
Dr Fikret Adaman, Professor, Boğaziçi University, Turkey
Dr Bengi Akbulut, Assistant Professor, Concordia University, Canada
Dr Kevin Maréchal, Professor, Université de Liège, Belgium.
Dr Anke Schaffartzik, Researcher, Universitat Autònoma de Barcelona, Spain
Dr Milena Buchs, Associate Professor, University of Leeds, UK
Dr Jean-Louis Aillon, Researcher, University of Genova, Italy
Dr Melanie Pichler, Researcher, University of Natural Resources and Life Sciences, Austria
Dr Helmut Haberl, Associate Professor, Institute of Social Ecology, University of Natural Resources and Life Sciences, Austria
Dr Julien-François Gerber, Assistant Professor, International Institute of Social Studies, Netherlands
Dr John Holten-Andersen, Associate Professor, Aalborg University, Denmark
Theresa Klostermeyer, Officer for Sustainability and Social Change, German League for Nature, Animal and Environmental Protection, Germany
Dr Lyla Mehta, Professor, Institute of Development Studies, UK
Dr Geneviève Azam, Professor, Université Jean Jaurès, France
Dr. Hermann E. Ott, Professor, University of Sustainable Development Eberswalde, Germany
Dr Angelika Zahrnt, Professor, Institute for Ecological Economic Research, Germany
Dr Melissa Leach, Director, Institute of Development Studies (IDS), University of Sussex, UK
Dr Irmi Seidl, Assistant Professor, Swiss Federal Research Institute WSL, Switzerland
Dr Shilpi Srivastava, Research Fellow, Institute of Development Studies, UK
Dr Elgars Felcis, Researcher, University of Latvia, Chairman of Latvian Permaculture Association, Latvia
Dr Tilman Santarius, Professor, Technische Universität Berlin and Einstein Center Digital Futures, Germany
Nina Treu, Coordinator of Konzeptwerk Neue Ökonomie, Germany
Dr Laura Horn, Associate Professor, Roskilde University, Denmark
Jennifer Hinton, Researcher, Stockholm Resilience Centre, Stockholm University, Sweden
Dr Friedrich Hinterberger, President, Sustainable Europe Research Institute, Austria
Dr Miriam Lang, Assistant Professor, Universidad Andina Simón Bolivar, Ecuador
Dr Susse Georg, Professor, Aalborg University, Denmark
Dr Silvio Cristiano, Researcher, Università degli Studi di Napoli 'Parthenope' & Università Ca' Foscari Venezia, Italy
Dr Petr Jehlička, Senior Lecturer, Open University, UK
Dr Maja Göpel, Professor, Leuphana University, Member Club of Rome, Germany
Dr Geraldine Thiry, Associate Professor, ICHEC Brussels Management School, Belgium
Dr Olivier Malay, Researcher, University of Louvain, Belgium
Dr Richard Lane, Researcher, Copernicus Institute of Sustainable Development, Utrecht University, Netherlands
Dr Laura Centemeri, Researcher, National Centre for Scientific Research, France
Dr Stephan Lessenich, Professor, Ludwig Maximilians University, Germany
Timothée Parrique, Researcher, Stockholm University, Sweden
Dr Ludivine Damay, Lecturer, Université libre de Bruxelles, Belgium
Dr Janis Brizga, Researcher, University of Latvia, Latvia
Dr Claudio Cattaneo, Associate Professor, Universitat Autònoma de Barcelona, Spain
Dr Miquel Ortega Cerdà, Advisor, Barcelona City Council
Dr Olivier De Schutter, Professor, Catholic University of Louvain, Belgium
Dr Annalisa Colombino, Assistant Professor, Institute of Geography and Regional Sciences, University of Graz, Austria
Dr Philip von Brockdorff, Head of the Department of Economics, University of Malta, Malta
Dr Sarah Cornell, Senior Researcher, Stockholm Resilience Centre, Stockholm University, Sweden
Dr Ruth Kinna, Professor of Political Theory, Loughborough University, UK
Francesco Gonella, Professor, Department of Molecular Sciences and Nanosystems, Università Ca' Foscari Venezia, Italy
Orsolya Lazanyi, Researcher, Corvinus University of Budapest, Hungary
Dr Eva Friman, Director at Swedesd, Uppsala University, Sweden
Dr Pernilla Hagbert, Researcher, KTH Royal Institute of Technology, Sweden
Vincent Liegey, Co-Author of "A Degrowth Project", Hungary
Dr Manlio Iofrida, Associate Professor, Department of Philosophy and Communication, University of Bologna, Italy
Dr Mauro Bonaiuti, Lecturer, University of Turin, Italy
Dr Marco Deriu, Researcher, University of Parma, Italy
Dr Eeva Houtbeckers, Postdoctoral Researcher, Aalto University, Finland
Dr Guy Julier, Professor of Design Leadership, Aalto University, Finland
Dr Anna Kaijser, Lecturer, Linköping University, Sweden
Dr. Petter Næss, Professor in Planning in Urban Regions, Norwegian University of Life Sciences, Norway
Dr. Irina Velicu, Researcher, Center for Social Studies, University of Coimbra, Portugal
Dr. Ulrich Brand, Professor, University of Vienna, Austria
Dr. Christina Plank, Researcher, University of Natural Resources and Life Sciences, Austria
Dr. Karolina Isaksson, Senior research leader, Swedish national road and transport research institute, Sweden
Dr. Jin Xue, Associate Professor, Norwegian University of Life Sciences, Norway
Dr- Rasmus Steffansen, Researcher, Norwegian University of Life Sciences, Norway
Dr. Irmak Ertör, Researcher, Institute of Environmental Science and Technology, Autonomous University of Barcelona, Spain
Dr. Maria Hadjimichael, Researcher, Department of Social and Political Sciences, University of Cyprus, Cyprus
Dr. Carlo Aall, Researcher in Societal transformation and climate change, Western Norway Research Institute, Norway
Dr. Claudiu Craciun, Lecturer, National School of Political Studies and Administration (SNSPA), Romania

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=246625

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