A recordar

15 de mayo de 2019

II. El Rodrigazo y su derrota por la clase obrera de los 70.

ANIVERSARIO: 7 Y 8 DE JULIO DE 1975

A cuarenta años de la huelga general contra Isabel Perón y López Rega

El 7 y 8 de julio de 1975 Argentina se ve conmovida por la primer huelga general contra un gobierno peronista
7 de julio de 2015
IG: @hardever // Twitter: @facuaguirre1917
alt="A cuarenta años de la huelga general contra Isabel Perón y López Rega" class="spip_logo spip_logos" v:shapes="_x0000_i1025">
@RWlaruta99
El 4 de junio de 1975 el ministro de Economía de Isabel Perón, Celestino Rodrigo, anuncia las medidas que trascenderían bajo el célebre apodo de “Rodrigazo”. En un contexto de crisis mundial que desató un escenario catastrófico en Argentina, Isabel pretendía ganar apoyo burgués e imperialista lanzando un brutal ataque contra los trabajadores. El “Pacto Social” con el que el gobierno de Juan Domingo Perón buscó contener el ascenso obrero y popular parido con el Cordobazo, estaba quebrado. El “Rodrigazo” incluía una devaluación del peso que oscilaba entre el 80 y el 160% y un aumento sideral de precios que en algunos casos llega al 180% como en las naftas. El ánimo obrero terminará por exacerbarse ante el congelamiento de paritarias y el establecimiento de topes salariales.
La respuesta al “Rodrigazo” corrió por cuenta del activismo y de la base obrera que le fue imponiendo a la burocracia y a los sindicatos una huelga general histórica. Los combativos trabajadores de la IKA Renault de Córdoba inician la oposición obrera con un abandono de tareas. El ejemplo se extiende en todo el país y los paros se multiplican. La insurgencia obrera se dirige desde las fábricas a los sindicatos y del plano sindical al político. En Gran Buenos Aires y Capital se dan cita los fenómenos más avanzados. El enfrentamiento con los dirigentes burocráticos de los gremios y de la CGT cobra presión.
La burocracia sindical –encabezada por Lorenzo Miguel de la UOM- se ve obligada a cambiar su actitud y a exigir a Isabel la homologación de los convenios. Para ello convoca el 27 de junio a una jornada contra el plan Rodrigo, en apoyo a la Presidenta y por la rápida homologación. Sin embargo, por presión de la base esta medida se convierte en un virtual paro general y más de 100.000 personas acuden a Plaza de Mayo para exigir la renuncia de Rodrigo y López Rega.

La huelga general política

El 28 de junio Isabel anuncia su negativa a homologar los convenios. La burocracia sindical quedará enfrentada al gobierno, aunque busca no crispar el enfrentamiento. Pero las movilizaciones obreras espontáneas se extienden en todo el país. Sin que nadie la haya convocado la huelga general es un hecho. La mayoría de las movilizaciones, asambleas y paros son impulsados en el Gran Buenos Aires, en la zona de La Plata y en la Capital por nuevas organizaciones donde anida la democracia de base, las coordinadoras interfabriles. En el interior, no son pocos los casos donde se sobrepasa a la burocracia. En Rosario se ocupa la CGT Regional y lo mismo sucede en Santa Fe. Las fábricas de Rosario y Córdoba están prácticamente paralizadas. Al edificio histórico de la CGT nacional en Azopardo llegan manifestaciones obreras con la consigna “14.250 o paro nacional”. En todo el país se grita contra Isabel y López Rega, el ministro fascista impulsor de las Tres A, exigiendo sus renuncias. El 3 de julio las coordinadoras interfabriles mostrarán su gran poder de movilización cercando la ciudad de Buenos Aires. En la zona norte la policía impide el acceso de decenas de miles de obreros que buscan cruzar a la capital para manifestar en Plaza de Mayo. Lo mismo sucede en la zona sur. En La Plata una gigantesca manifestación se dirige hacia la sede central de la CGT donde se producirán enfrentamientos violentos con la burocracia y la policía.
Jaqueada por el desafío del gobierno y la movilización de las bases, la CGT se ve obligada a convocar a un paro de 48 horas para el 7 y 8 de julio. La primera huelga general contra un gobierno peronista. El paro es completo y antes que finalice, el gobierno cede y otorga la homologación de los convenios. Así lo sintetiza un protagonista: “en mi vida vi una cosa así. Las radios no tenían programa, cada tanto un locutor que decía: la sociedad argentina de locutores se adhiere a la huelga general. No había nada. No te enterabas de nada. Sabías que había huelga nada más”.[1]

Un doble poder fabril

Durante las jornadas de junio y julio surgirán las coordinadoras interfabriles. Estas organizaciones expresaban un doble poder fabril basado en las comisiones internas y cuerpos de delegados que disputaban a la patronal el control del lugar del trabajo y a la burocracia la dirección de un sector del movimiento obrero. Organizadas zonalmente (norte, sur, oeste, La Plata-Berisso y Ensenada, y Capital Federal), nuclearán a los obreros de las industrias más concentradas, de fábricas como la Ford, General Motors, Astilleros Astarsa, Del Carlo, Tensa, Editorial Abril, La Hidrófila en la zona norte; Indiel, Santa Rosa, Man, entre otras, en oeste; Rigolleau, Saiar, Alpargatas, Cattorini, frigorífico Serna y las grandes líneas de colectivos en la zona sur; Propulsora Siderúrgica, Astilleros Río Santiago, Peugeot, Petroquímica Sudamericana, el frigorífico Swift, en La Plata Berisso y Ensenada. En Capital los trabajadores del subte y los choferes organizarán la coordinadora Interlíneas, mientras que comisiones internas de la Asociación Bancaria, coordinarán su actividad y demandas.
Las coordinadoras fueron las organizadoras del ascenso obrero en las Jornadas de Junio y Julio y aglutinaron a una importante fracción de los trabajadores industriales y de los servicios, cerca de 130.000, agrupando territorialmente a 129 comisiones internas y cuerpos de delegados, sin contar su peso relevante en la región de San Lorenzo y Córdoba. En las coordinadoras actuaban la mayoría de las corrientes de izquierda aunque la más impòrtante era la Juventud Trabajadora Peronista, brazo sindical de Montoneros.
El intelectual Adolfo Gilly, reflexionando sobre el papel de las comisiones internas argentinas en momentos de auge obrero, describió que: “Nadie ha considerado nunca un hecho revolucionario la constitución local o nacional de sindicatos o una central sindical. Por el contrario, nadie ha dejado nunca de considerar un hecho revolucionario la constitución de una federación local o nacional de consejos de fábrica o la formación de un consejo central de delegados de consejos de fábrica”. En esta afirmación radica la extraordinaria importancia de las coordinadoras interfabriles: en el corazón de la industria, eran el inicio de una “federación” de las organizaciones de base del movimiento obrero que disputaba en las fábricas el poder a los capitalistas y a la dirigencia sindical burocrática.

La huelga y el golpe

La huelga política del 7 y 8 de julio fue un acontecimiento histórico que abrió una crisis revolucionaria en la Argentina. El gobierno debió ceder y los odiados ministros Lopez Rega y Rodrigo renunciaron. Pero la debilidad de Isabel era patente. La huelga no se elevó a un plano más ofensivo que impusiera la caída del gobierno de forma revolucionaria. La burocracia correrá a sostener a la presidenta y dar sobrevida a un gobierno criminal y antiobrero. En las coordinadoras interfabriles ninguna de las corrientes que las integraban tuvo una política para desarrollarlas como organismos de doble poder y sus direcciones se abstuvieron de plantear el objetivo de tirar al gobierno. La orientación de la JTP, la corriente más importante, que reivindicaba el papel revolucionario del nacionalismo burgués y se adaptó a los lineamientos de la burocracia de la CGT, centralmente, al carácter corporativo de los reclamos, fue un gran impedimento para que las coordinadoras desplegaran todo su potencial.
Las jornadas de junio y julio terminaron de prender la alarma en la burguesía argentina. El peronismo era impotente para cumplir su rol de contención de la clase trabajadora cuando la crisis capitalista exigía respuestas inmediatas. La burguesía terminará de decidir su opción por la salida golpista.
La burocracia sindical y el peronismo tienen la responsabilidad, en tanto dirección de masas, de la derrota de la clase obrera a manos de la dictadura militar. Partidos que se reivindicaban “democráticos” como la UCR fueron cobardemente a golpear la puerta de los cuarteles. Aunque en febrero y marzo de 1976, un nuevo movimiento –dirigido por las Coordinadoras – iniciaba desde las fábricas su oposición en las calles al Plan Mondelli, las cartas ya estaban echadas. El 24 de marzo la junta militar se hará del poder para acabar con la etapa revolucionaria abierta con el Cordobazo. La amenaza profunda que significaba la insurgencia obrera para los intereses capitalistas explica el nivel de represión que tuvo como objeto no sólo terminar con la guerrilla, ya debilitada antes del golpe, sino doblegar a una clase que desde 1969 se mostraba indomable.
Libro recomendado: Insurgencia Obrera en Argentina 1969-76, de Ruth Werner y Facundo Aguirre.
Reseña sobre el libro de Héctor Löbbe, Coordinadoras interfabriles: Clase obrera e izquierda en los ’70. Acerca de La guerrilla fabril.
[1] Gilly, Adolfo, “Consejos obreros y democracia socialista”. En AAVV, Movimientos populares y alternativa de poder en América Latina, Puebla, Universidad Autónoma de Puebla, p. 146.

Fuente: https://www.laizquierdadiario.com/A-cuarenta-anos-de-la-huelga-general-contra-Isabel-Peron-y-Lopez-Rega

Leer más...

I. El Rodrigazo y su derrota por la clase obrera de los 70.

HISTORIA DEL MOVIMIENTO OBRERO ARGENTINO

El rodrigazo y 

las coordinadoras de gremios del ’75 (I)

Sábado 7 de julio de 2018 | Edición del día

 

“Si los patrones coordinan para explotar, los trabajadores coordinamos para erradicar la explotación”.
Historiador
Antecedentes económicos del “Rodrigazo”
Fallecido Perón y con la asunción de su esposa Isabelita, se fortaleció el poder de José López Rega, creció la ofensiva de la derecha peronista y de la “Triple A”, aumentaron los desaciertos económicos; todo lo cual fue creando un clima de crisis económica, social y política.
Las condiciones de la economía capitalista mundial hasta principios del ‘74 permitían que los capitalistas de la Argentina vendieran caro y compraran relativamente barato. Eso se expresó en la balanza comercial y de pagos favorable (1.000 millones de dólares en 1973). En consecuencia, buenas reservas de oro y en divisas; por ende, posibilidades de emisión monetaria que no equivalía a la falsificación de billetes, expandiendo aún más el mercado; y, por otra parte, el crédito abundante, ágil y barato era un factor más para compensar la caída de la tasa de ganancia.
La caída de Gelbard, en octubre de 1974, fue la expresión del fin de las posibilidades del “distribucionismo” iniciado en 1973. La firma del Acta de Compromiso Nacional en febrero del ‘75 fue su certificado de defunción, ya que las “partes” que inicialmente pactaron voluntariamente la distribución dejaron de poder concertar y el Estado –en febrero del ‘75– impuso a las “partes” el 15%, lo que para “unos” era demasiado poco y para “otros” excesivo.
El Gobierno –que nació apoyado en la Unión Nacional de la mediana y gran burguesía industrial por un lado y el proletariado por el otro– perdió aceleradamente el respaldo de ambos y sólo conservó el sostén del cascarón burocrático sindical, partidista y empresario, que fue quedando más vacío de contenido.
El proletariado marchaba a su constitución fabril, generando nuevas formas organizativas; los empresarios de la CGE dejaron de responder a Broner y pasaron a seguir a los ex dirigentes de la UIA o a los de la gran burguesía, nucleados en la Asamblea Permanente de Entidades Empresarias. El Partido Justicialista sufrió, además de la fragmentación, los efectos de su aislamiento de la clase obrera. Desde el agotamiento del mecanismo distribucionista, la tendencia inexorable de la economía capitalista conducía a la caída del salario y germinaba entonces la necesidad de organizar esa orientación espontánea, pero como planificación distributiva inversa a la voluntariamente acordada entre la burguesía y el proletariado en 1973.

Cambios políticos y nuevamente la represión

Luego del 25 de mayo de 1973, toda la legislación represiva sancionada por la Dictadura Militar fue derogada y disuelto el Fuero Antisubversivo. Pero esa primavera duró poco y comenzó una etapa signada por la represión. Todo empezó con el envío de un proyecto del Poder Ejecutivo a las Cámaras para modificar el Código Penal. La reforma fue considerada de la misma naturaleza que las leyes promulgadas por el régimen militar que gobernó el país entre 1966 y 1973.
La primera respuesta vino del general Perón, quien advirtió que si la ley no era aprobada se apelaría a las mismas armas que se buscaba combatir; y el 23 de enero de 1974 declaró al diario La Nación: “Nosotros vamos a proceder de acuerdo a la necesidad, cualquiera sean los medios. Si no hay ley, fuera de la ley, también lo vamos a hacer y lo vamos a hacer violentamente. Porque a la violencia no se le puede oponer otra cosa que la propia violencia. Eso es una cosa que la gente debe tener en claro, pero lo vamos a hacer, no tenga la menor duda”.
Después de la muerte de Perón se tomaron distintas medidas represivas. En septiembre de 1974 se aprobó la ley de represión del terrorismo, que penaba la difusión de información relacionada con esos hechos y la obstrucción al trabajo cuando el conflicto era declarado ilegal. De acuerdo a esa ley, el Ministerio de Trabajo prohibió las huelgas por motivos salariales, los paros y las ocupaciones de plantas, y comenzó a intimar, amenazar y suspender personerías gremiales.
Pero al poco tiempo, el Ejecutivo Nacional sancionó el Decreto Nº 261, en el que se anunció oficialmente que se había ordenado a las Fuerzas Armadas tomar intervención en la “lucha antisubversiva”, firmado por la presidenta María Estela de Perón y los ministros Rocamora, Ivanissevic, Vignes, Savino, López Rega, Gómez Morales, Otero. En el Articulo Nº 1 se decía que “El Comando General del Ejército procederá a ejecutar todas las operaciones militares que sean necesarias a efectos de neutralizar y/o aniquilar el accionar de los elementos subversivos...”.
En octubre de ese año se sancionó el decreto 2770, por el cual se creó el Consejo de Seguridad Interna, fijando sus atribuciones, y el Consejo de Defensa. Ese decreto llevaba la firma del presidente provisional Ítalo Luder y los ministros Arauz Castex, Vottero, Ruckauf, Emery, Cafiero y Robledo.
Hasta ese momento, la participación de las Fuerzas Armadas en forma abierta era “evitada” y la lucha era encabezada por grupos paramilitares, “ejecutores del trabajo sucio”, a través de la Triple A.
En el mes de noviembre se declaró el estado de sitio en todo el país. Fue en esa circunstancia que fueron detenidos cientos de militantes y puestos a disposición del Poder Ejecutivo.
La represión a la clase obrera apareció con toda su magnitud el 20 de marzo de 1975 en Villa Constitución, a través de las fuerzas conjuntas reclutas por la SIDE, que incluían a la Policía Federal, Provincial, Ejército y Gendarmería, grupos de choque –entre los cuales iban armados los guardias blancos pagados por las acerías de Martínez de Hoz– y miembros de la Triple A. Las órdenes firmadas por Rocamora, Savino y López Rega eran claras: ahogar en sangre a los obreros y activistas de Villa Constitución.

Las luchas de junio-julio de 1975 en la zona norte del Gran Rosario y el país

En los primeros meses de 1975, ante el deterioro del salario tras la trepada de los precios, creció la preocupación en el movimiento obrero.
Debían reunirse las Comisiones Paritarias, congeladas por dos años desde 1973. La convocatoria del Gobierno no estipulaba topes en la discusión salarial.
En marzo, el Ministerio de Economía concedió un aumento de emergencia de 400 pesos mensuales y devaluó la moneda en un 50%.
Los obreros del Sindicato de Obreros y Empleados Petroquímicos Unidos (SOEPU) de San Lorenzo (Pcia. de Santa Fe), durante varias semanas, discutieron en la fábrica la situación que se les planteaba. Comenzaron los contactos con otros sindicatos y las reuniones se intensificaron. El punto central de las deliberaciones era cómo organizarse, cómo encarar la lucha por las paritarias y señalaron:
“Es indudable que la carestía crece día a día y, por lo tanto, es lógico que los trabajadores tengan expectativas sobre la posibilidad de conseguir importes reivindicaciones. Estas expectativas han venido generándose especialmente a partir de las falencias que ha venido teniendo este gobierno. Por eso los trabajadores tratan de conseguir en las paritarias partes de esas reivindicaciones tanto tiempo postergadas. Lo del ‘arbitraje obligatorio’ no es nuevo. Ya estamos acostumbrados desde la época de la dictadura militar y ahora lo vemos de nuevo con este ‘gobierno popular’. Tampoco son nuevas las maniobras de la burocracia sindical contra las aspiraciones de los trabajadores. Nosotros creemos, lo venimos sosteniendo y pregonando desde hace tiempo: los trabajadores de base deben tener la máxima participación en la elaboración de los anteproyectos de convenio. El proceso de discusión debe venir desde abajo, impulsado por los delegados y activistas de cada sección y luego a través de las asambleas de cada lugar de trabajo y gremio” [1].
Con el antecedente inmediato de la experiencia de la Intersindical de San Lorenzo (1969-1973), se pensó en la “coordinación de las luchas”. Luego de varias asambleas en Sulfacid, los obreros se pronunciaron por la instancia de aunar las distintas luchas de la zona. En el SOEPU acordaban con lo resuelto:
“Los trabajadores de la zona tienen características y reivindicaciones similares. Nuestro gremio no permanece ajeno a este proceso de luchas que se va dando en toda la zona y, constantemente, cuando han surgido conflictos por reivindicaciones concretas, hemos expresado nuestra solidaridad permanente en cada uno de ellos. Creemos que ha llegado el momento en que esta solidaridad efectiva se plasme en la unidad de los trabajadores a partir de las necesidades concretas”.
“Los distintos gremios de la zona ya han intentado en varias oportunidades constituir a un organismo que los nuclee. Algunos de estos intentos tuvieron resultados más satisfactorios que otros, pero hasta ahora no se ha llegado a una coordinación solidaria efectiva y permanente. Esta ausencia ha permitido que las patronales, que sí actúan apoyándose mutuamente, derrotaran algunas luchas de gremios de la zona, que se desarrollaron en forma aislada. Las experiencias vividas no pueden caer en el vacío. Es necesario concretar este viejo anhelo de los trabajadores de la zona, que puede traducirse en la celebración de un acuerdo destinado a asegurar la mejor defensa de las luchas obreras. No queremos la desunión actual del movimiento obrero que se manifiesta en todo el país, y creemos que hay que concretar la unidad de los trabajadores sobre la base de una práctica verdaderamente democrática” [2].
En mayo, la CGT Nacional logró un arreglo con el Gobierno: habría un aumento masivo y uniforme del 38%. El Ministro de Economía Gómez Morales manifestó su desacuerdo y renunció antes de que se firmaran los acuerdos de las paritarias.
El 2 de junio asumió en su reemplazo Celestino Rodrigo, con un plan económico que constaba de la aplicación de una política de “shock” para desacelerar la inflación y favorecer la inversión mediante el aumento de la rentabilidad. Se trataba de lograr una contracción del salario real y un aumento de las tarifas tanto de los servicios públicos como de los combustibles. La devaluación beneficiaba a los exportadores de cereales y a los ganaderos y tendía a la concentración del gran capital industrial. Vía devaluación y reembolsos se apoyaban las exportaciones industriales dominadas por las multinacionales.
Tras los primeros aumentos de precios, desde el Ministerio de Economía, se ofertó un incremento salarial del 45% que no tuvo eco.
El 14 de junio, se reanudaron las paritarias. Los aumentos logrados en las mismas oscilaron desde el 60 u 80% hasta el 200%; pero éstos debían ser ratificados por el Gobierno. De homologarse lo surgido de las paritarias se daría por tierra con el Plan Rodrigo.
No fue homologado ningún convenio luego que varios gremios firmaran sus acuerdos. Sobre la última semana de junio, el Gobierno informó que finalizaba el plazo para las Paritarias.
El estado deliberativo aumentó y crecieron las movilizaciones.
Se sucedieron un Plenario de la CGT, la marcha de ocho a diez mil obreros de la Ford Motor Argentina de Pacheco, y en Rosario, se sucedieron paros de los choferes de colectivos, docentes y empleados de comercio. En la zona industrial protestaron los Ceramistas y el SOEPU dio a conocer un comunicado “ante la falta de aceptación por parte de la patronal de las justas reivindicaciones peticionadas por la organización sindical, permanecemos en estado de asamblea permanente, rechazando el aumento del 45% ofrecido por la parte empresaria. La cifra no cubre las aspiraciones mínimas de los trabajadores”, y destacando la masiva concentración de los Petroquímicos ante el Ministerio de Trabajo, para lograr el aumento del 150% y otras aspiraciones3.
A raíz del estado de movilización, el viernes 27 de junio, se realizó un paro con una gran concentración en Plaza de Mayo, convocado por la CGT, las 62 Organizaciones y la UOM.
Hubo agitadas gestiones sindicales ante una posible derogación de las Convenciones Colectivas del Trabajo.
Al día siguiente, la presidenta Isabel Perón contestó y dio a conocer su determinación: la anulación de las Paritarias y el otorgamiento de un aumento general del 50 % y de un 15 % más en octubre y enero de 1976.
Con el Plan Rodrigo se había puesto de manifiesto una planificación distributiva contra el proletariado, que culminó con la anulación de los contratos colectivos de trabajo.
La anulación del contrato equivale a la anulación del derecho, al quitar al proletariado su carácter de libre vendedor de su mercancía (la fuerza de trabajo), base de su igualdad y libertad en el plano jurídico. La anulación de los contratos colectivos trascendía por ello el mero hecho económico y se transformaba en la patada inicial del golpe lopezreguista, que, anulando al ciudadano, anulaba al parlamento y transformaba al proletariado de esclavo social jurídicamente libre en esclavo social jurídicamente sometido: de ciudadano a súbito del lopezreguismo autocrático.
Frente a la voluntad de anulación del contrato por el Ejecutivo isabelino, se levantó la voluntad política del proletariado que con su movimiento autónomo le dijo “No a la No-homologación de los convenios colectivos”.
En la Zona Norte del Gran Rosario, el estado deliberativo entre los activistas, los miembros de comisiones internas y las conducciones sindicales aumentó, con reuniones e intercambio de opiniones sobre las medidas a tomar. Lo sucedido fue narrado por un ex obrero Petroquímico:
“En PASA se convocó inmediatamente a una asamblea de fábrica. En poco tiempo nos reunimos en el galpón de mantenimiento los obreros del turno, dejando pequeñas guardias, los de la noche no fueron a sus casas. Fue una asamblea con pocas palabras. El ‘Negro’ Sosa, nuestro secretario general, hizo una panorámica de la situación, concluyendo “tenemos que sacar la lucha fuera de la fábrica. A la empresa ya la pusimos contra la pared, ahora hay que doblegar la política del gobierno”, que había demostrado su carácter de clase, a pesar de su careta popular. Los discursos eran encendidos y cortos. Impactantes, muy aclamados. Paradoja: no era contra la dictadura militar y sí contra el ‘gobierno de los descamisados’. Proponemos medidas de acuerdo con el momento y carácter de la lucha: “Tenemos que movilizarnos conjuntamente a los otros obreros de la zona”. Yo planteó con otros compañeros: “Marchemos hacia Rosario, tratando de levantar las otras fábricas”. La consigna fue “Acabar con la medida decretada, respetar los acuerdos firmados”. Todos los trabajadores de la zona industrial recibieron nuestra visita” [3].
Comenzó la marcha hacia Rosario, tomando contacto con cada una de las fábricas de la zona. Desde los aceiteros de San Lorenzo hasta los textiles en Arroyito se fueron sumando a la caravana. “En el centro de Rosario nos encontramos con contingentes de obreros de la ciudad y de Villa Constitución. Cantando nuestras consignas nos apoderamos del centro de la ciudad. Finalmente nos concentramos frente a la CGT pidiendo a grito vivo para que los burócratas salieran al balcón. Una delegación de los sindicatos movilizados fue a pedirles que asumieran la acción que espontáneamente –no tanto– la clase trabajadora manifestaba en la calle el repudio a las medidas del gobierno peronista” [4].
Las crónicas periodísticas destacaron “Un numeroso grupo de obreros procedente de la zona industrial comprendida entre Puerto San Martín y Granadero Baigorria recorrió en la tarde de ayer el centro de nuestra ciudad. Los manifestantes portaban un cartel que decía: ‘Plena vigencia a la Ley 14.250 y apoyaban con estribillos esa petición. Se trataba de trabajadores petroquímicos, químicos, ceramistas, del tractor, mecánicos, jaboneros y también textiles. La manifestación tenía como objetivo pedir por la plena vigencia de la Ley 14.250, la homologación de los convenios de trabajo ya concertados y la libre discusión de los restantes, y que la CGT ratifique el pedido elevado el jueves pasado durante la movilización en la Plaza de Mayo” [5].
Se sumaron los metalúrgicos de Rosario y de Villa Constitución, y en una columna que superaba el número de tres mil personas; recorrieron las calles céntricas, se dirigieron al local de la CGT, donde el Secretario General, desde los balcones se dirigió a los trabajadores exhortándolos a mantener la calma y reiterando la postura de la CGT Rosario de “acatamiento a todo lo que disponga la CGT Nacional”. La mayoría de los manifestantes, que exigían una posición más drástica, respondieron con silbidos e insultos, retornando hacia la zona bancaria y solicitando la adhesión de los trabajadores bancarios, mientras se sumaban a la protesta los docentes.
Durante varios días, los obreros reclamaron con masivas manifestaciones (algunas, superaban los ocho mil obreros), la libre discusión de los convenios en el marco de la Ley 14.250 y la homologación de los ya pactados. Los dirigentes sindicales de varios gremios fueron desbordados por las bases.
Ante la movilización de la clase obrera en todo el territorio nacional, la CGT Nacional adoptó la determinación de realizar un paro por 48 horas, a partir de la hora cero del día 7 de julio.
La paralización del país fue total; mientras tanto, desde el gobierno y la burocracia sindical se intentaba negociar y, cuando se estaba cumpliendo el segundo día del cese de actividades, el Gobierno cedió: los acuerdos logrados en Paritarias fueron homologados.
1, Revista Política Obrera, abril 1975.
2. El Petroquímico Nº 32.
3. La Capital, 17 de junio de 1975, p. 6.
4. Dowling, Juan Alfonso. “Petroquímicos. La Intersindical y la Democracia. Una experiencia de lucha en la Zona Industrial de San Lorenzo”. En: Autores Varios. Nuevas Tendencias en el Sindicalismo Argentina, Brasil. Editorial Biblos / Fundación Simón Rodríguez, 1992.
5. Dowling, Juan Alfonso. op. cit.
6. La Capital, 1º de Julio de 1975, p. 5.

Fuente: https://www.laizquierdadiario.com/El-rodrigazo-y-las-coordinadoras-de-gremios-del-75-I

Leer más...

VI. El PJ y Masacre de Ezeiza, Triple A, CNU

La Triple A y la memoria recortada

8 de mayo de 2019
Me ha ocurrido en más de una ocasión en los últimos tiempos: alumnos que cursan en universidades públicas, incluso en alguna que está bajo la hegemonía “del campo nacional y popular”, desconocen qué fue la Triple A (Alianza Argentina Anticomunista). Esto es, tuve que explicar que la Triple A fue una organización paramilitar, de ultraderecha, que asesinó a cientos de militantes de izquierda, y que actuó bajo los gobiernos de Juan Domingo Perón e Isabel Perón, entre 1973 y marzo de 1976.
Para esos jóvenes que han sido desinformados, les recuerdo entonces que la Triple A recibía fondos del Ministerio de Bienestar Social, dirigido por López Rega (secretario de Perón), y estaba integrada por oficiales de las Fuerzas Armadas, ex policías, delincuentes, matones sindicales, miembros de la Juventud Sindical Peronista y de la Juventud Peronista República Argentina (véase Alicia Servetto, 2008, “Memorias de intolerancia política: las víctimas de la Triple A (Alianza Argentina Anticomunista”, en http://www.uel.br/revistas/uel/index.php/antiteses/article/download/1596/1640.
Como bien indica Servetto, la impunidad para esas bandas asesinas fue garantizada por Perón desde el mismo día que volvió al país por segunda vez, el 20 de junio de 1973. Escribe: “Su llegada estuvo precedida por una gigantesca movilización popular en el aeropuerto internacional de Ezeiza, en las proximidades de la ciudad de Buenos Aires. (…) Lo que se esperaba como la mayor fiesta “peronista”, para celebrar el regreso del líder, concluyó con un elevado número de muertos y heridos. Al día siguiente, Juan Domingo Perón pronunció el esperado discurso. Evitando toda referencia a la matanza de Ezeiza del día anterior, llamó a todas las fuerzas políticas y al pueblo argentino a colaborar para “volver al orden legal y constitucional como única garantía de libertad y justicia”. Desde entonces, quedó asegurada la impunidad desde el mismo aparto del Estado. A partir de ese momento, las mismas palabras fueron repetidas una y otra vez, casi obstinadamente, hasta el día en que falleció” (énfasis agregado).
Sobre la masacre de Ezeiza, en una nota anterior (aquí), también referida a la “falta de memoria” sobre la Triple A, escribí: “… un ensayo general de represión por izquierda ocurrió en Ezeiza, el 20 de junio de 1973, cuando Perón volvió por segunda vez al país. CNU (Concentración Nacional Universitaria), Comando de Organización, la guardia militar de Osinde y elementos de la Juventud Sindical asesinaron a una cantidad no especificada de militantes de la Juventud Peronista. Oficialmente se reconocen 13 muertos y 356 heridos, aunque las cifras podrían ser mucho más elevadas. Pero nunca se hizo una investigación oficial de esta masacre”.
La Triple A hizo su “presentación oficial” poco después, el 21 de noviembre de 1973, con un atentado con bomba al senador radical Hipólito Solari Irigoyen, quien salvó su vida de milagro.
De nuevo, cito a Servatto: “Perón procuró disciplinar a sus filas, armando un arco de ofensiva que abarcó desde la reestructuración partidaria, la reorganización de los cuadros de gobierno y la alianza con los sectores ortodoxos del movimiento obrero. Los objetivos finales procuraban la depuración ideológica, la desmovilización política y el disciplinamiento de los actores sociales. En esta línea de acción el Consejo Superior del Movimiento Nacional Justicialista (CSMNJ) emitió un documento interno por el cual se impartieron directivas para enfrentar “la guerra desencadenada contra nuestras organizaciones y nuestros dirigentes por los grupos marxistas, terroristas y subversivos”.
Y más adelante: “De todos modos, y en cualquiera de sus denominaciones, estas organizaciones realizaron en todo el país más de 400 asesinatos y secuestros de personalidades políticas, culturales, abogados de presos políticos, periodistas, dirigentes juveniles, reconocidos sindicalistas y activistas obreros, y militantes de organizaciones revolucionarias, cifra que para algunos autores ascendía a 900. Entre julio y agosto de 1974, se contabilizó un asesinato de la AAA cada 19 horas. Se había iniciado la práctica de la desaparición de personas”.
En relación al número de víctimas, en la nota anterior, ya citada, escribí: “… solo los asesinados por los grupos parapoliciales, o la Triple A, entre 1973 y marzo de 1976, que han sido registrados, suman 683 (véasehttp://www.desaparecidos.org/arg/victimas/listas/aaa.pdf). Pero algunas estimaciones elevan la cifra total de asesinados a unos 900 compañeros. Según el Anexo del Nunca Más, edición 30º aniversario del golpe militar, hubo más de 1100 casos de desapariciones forzadas de personas y ejecuciones sumarias entre 1973 y marzo de 1976”.
Sumemos que uno de los blancos predilectos de las amenazas de la Triple A fueron los artistas. A causa de ello debieron emigrar, entre otros, Nacha Guevara, Norman Brinsky, Alfredo Alcón, Luis Brandoni, María Rosa Gallo, Carlos Somigliana, David Stivel, Ricardo Halac y Horacio Guarany.
También escribí: “…los principales miembros de la Triple A fueron nombrados por decreto, por Perón: Rodolfo Almirón y Juan Ramón Morales habían sido dado de baja en la Policía Federal (acusados de ilícitos con drogas) y fueron reincorporados y ascendidos. También los comisarios Alberto Villar y Luis Margaride fueron elevados a jefe y subjefe, respectivamente, de la Federal. Villar y Margaride fueron principales organizadores de la Triple A. Osinde y López Rega también fueron ascendidos por Perón.
Otro hecho significativo bajo la presidencia de Perón fue el llamado “Navarrazo”: el 28 de enero de 1974 el teniente coronel Antonio Domingo Navarro asaltó a mano armada a la casa de gobierno de Córdoba, apresó al gobernador Obregón Cano, al vicegobernador Atilio López y a todos los ministros, quienes permanecieron secuestrados. Hubo muertos y heridos, y el gobierno provincial fue depuesto. Sin embargo, Perón no condenó el golpe ni repuso a las autoridades, y Navarro fue premiado con el consulado argentino en Barcelona”.
Más abajo: “Agreguemos la postura de Perón ante gobiernos de derecha en América Latina. Cuando el golpe contra Allende, el gobierno de Lastiri reconoció inmediatamente a la dictadura de Pinochet, y hubo maltrato a refugiados que llegaban a Ezeiza. Perón no abrió la boca. En mayo de 1974 Perón recibió a Pinochet y le dio su apoyo. Según Eduardo Luis Duhalde este encuentro, lejos de ser protocolar, fue un antecedente del plan Cóndor. En las Naciones Unidas Argentina fue uno de los pocos países que rechazaron proyectos de condena a la violación de los derechos humanos en Chile en las Asambleas Generales de 1974 y 1975. El 30 de septiembre fue asesinado en Buenos Aires el general chileno Carlos Prats, refugiado en Argentina. En 1975 el gobierno de Isabel condecoró a Pinochet con la Gran Cruz de la Orden de Mayo al Mérito Militar. Por otra parte, el gobierno de Perón también tuvo una actitud de colaboración con la dictadura de Stroessner, de Paraguay; con la de Bordaberry, de Uruguay; y de Banzer, de Bolivia. El sistema Cóndor nació a fines de 1975, con activa participación argentina”.
Para concluir, digamos que el recorte de la memoria, operado por organismos de derechos humanos y organizaciones de izquierda no es inocente. Como tampoco hay inocencia al fechar la aparición del terrorismo de Estado en marzo de 1976, y no antes. Lo que se busca es ocultar las responsabilidades que les caben a muchos “próceres”, vivos o muertos, de la “liberación nacional”. Y por sobre todas las cosas, ocultar que, en 1973-4, Perón se rodeó de fachos y asesinos para atacar y destruir a la militancia de izquierda –y muy especialmente, a la que enfrentaba a la burocracia sindical. En este respecto, el cuento de Julio Bárbaro, de que Perón vino a pacificar al país y abrazarse con sus adversarios es solo eso, un cuento (contado por alguien que sabe, a plena conciencia, que está mintiendo).
Yendo más lejos, también se busca ocultar que gran parte de la izquierda –incluido el partido Comunista- votó por la fórmula Perón-Perón, cuando era más que claro que la renuncia de Cámpora a la presidencia, y su reemplazo por Lastiri, fueron un golpe interno, de contenido inequívocamente ultraderechista. Para que no queden dudas: llamaron a votar Perón-Perón luego de ocurrida la masacre de Ezeiza y del innegable respaldo de Perón a los responsables de esa masacre. Todo con el argumento de la “necesaria unidad patriótica para enfrentar a las fuerzas de la reacción y el imperialismo”. Más o menos de la misma manera en que hoy se justifican otras muchas y renovadas inmundicias vinculadas al “frente patriótico y popular”. ¿Será por eso que se empeñan en mantener desinformadas a las nuevas generaciones?
Descargar el documento: varios formatos siguiendo el link, opción Archivo/Descargar Como:
La Triple A y la memoria recortada

Fuente: https://rolandoastarita.blog/2019/05/08/la-triple-a-y-la-memoria-recortada/

Leer más...

V. El PJ y Masacre de Ezeiza, Triple A, CNU

28/05/2017

Por delitos de lesa humanidad, civiles al banquillo en La Plata


 Comenzó hace diez días el segundo juicio del país a los crímenes de la Concentración Nacional Universitaria (CNU), grupo parapolicial predictadura que persiguió a la izquierda y al peronismo de izquierda. Eduardo Soares. El Negro, como lo conocen sus compañeros, integra La Gremial de Abogados y formó parte de Montoneros en el peronismo combativo, ahora forma parte de la querella. Marta Vedio, integrante de APDH La Plata y de Unión por los Derechos Humanos de La Plata y representante de una de las querellas. Las entrevistas fueron realizadas por Alfredo Grande en Sueños Posibles y por Fernando Tebele en Oral Y Público. Por La Retaguardia. https://www.anred.org/?p=65365

Leer más...

IV. El PJ y Masacre de Ezeiza, Triple A, CNU

JUICIO BRIGADA DE SAN JUSTO

Victoria Moyano: “Vamos a demostrar que el Genocidio arrancó en el Gobierno de Isabel Perón”

24 de septiembre de 2018 
Este miércoles la nieta recuperada declarará en La Plata como querellante y testigo en el juicio a criminales de la Brigada de San Justo. Aquí anticipa parte del contenido de su testimonio.
CeProDH

María Victoria Moyano Artigas, nieta restituida en 1987 por Abuelas de Plaza de Mayo y referente del Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (CeProDH), es querellante en el juicio que comenzó el 13 de agosto en La Plata contra 19 genocidas, entre ellos Miguel Osvaldo Etchecolatz.
El miércoles 26 dará su testimonio por el secuestro y tortura de sus padres en ese centro clandestino.
La Brigada de San Justo fue uno de los treinta centros clandestinos que conformaban el Circuito Camps. Después de décadas de lucha, a mediados de agosto comenzó el juicio por los crímenes de lesa humanidad cometidos allí. A su cargo estaba directamente el genocida Etchecolatz, quien es uno de los 19 juzgados.
Desde que recuperó su identidad, Vicky Moyano no dejó de luchar por el juicio y castigo para todos los responsables del genocidio y para encontrar a todos los nietos y nietas que aún siguen apropiados.
¿Qué implicancias tiene la Brigada de San Justo en la desaparición de tus padres y en tu apropiación? 
   La Brigada de San Justo tiene mucha importancia, por un lado porque mis padres y mi abuela fueron torturados en ese lugar la primera vez que fueron secuestrados, pese a ser refugiados de Naciones Unidas mediante el programa Acnur. Pero además esto sucedió antes del golpe genocida, en 1975. Todos estos años de lucha, también fueron de investigación, de unir información, datos, testimonios.
Todo eso dejó a la luz muchas cosas, entre ellas que la Brigada ya funcionaba como centro clandestino durante el gobierno de Isabel Perón, en el marco del Plan Cóndor. La Brigada de San Justo no era solamente un centro clandestino de detención de ‘registro’ de detenidos, como dice la resolución de elevación a juicio de este juicio.
Los más de 40 años que pasaron y la política negacionista de Cambiemos deben dificultar lograr el juicio y castigo
   Sí. El dilate para que los juicios comiencen y lograr que se condene a los responsables de crímenes tan aberrantes no es algo nuevo. En los últimos once años, los tribunales han imputado a poco menos de tres mil genocidas por delitos de lesa humanidad. Después de juicios limitados, 110 de ellos fueron absueltos y unos 500 murieron antes de recibir sentencia. Condenados fueron 856 y hay unos 700 procesados sin juicio aún.
Esto muestra que nunca hubo realmente una decisión política para terminar con la impunidad, si tenemos en cuenta que hubo más de 500 centros clandestinos, se condenó a razón de un genocida y medio por cada uno de ellos. Además, el paso del tiempo trae consigo no sólo que se mueran muchos de ellos impunes, sino que muchas víctimas y familiares no hayan llegado a ver que los responsables sean condenados.
Sin ir más lejos, en este juicio, sufrimos la pérdida de Alberto Manfredi quien fue un sobreviviente y con enorme esfuerzo llegó a brindar su valiente testimonio días antes de fallecer producto de una grave enfermedad.
En este juicio uno de los imputados es Etchecolatz, quien también fue responsable de la apropiación de Clara Anahí, la nieta que Chicha Mariani no llegó a abrazar como tanto deseaba, ya que falleció el mes pasado a los 94 años. Creo que además de garantizarles la impunidad, esto conlleva una crueldad que no podemos permitir como sociedad, realmente es inadmisible que después de 42 años tengamos que seguir esperando que se condene a los responsables, incluidos los empresarios, eclesiásticos y civiles que fueron responsables del genocidio en Argentina y parte del Plan Cóndor.
¿Qué expectativas tenés en este juicio y qué vas a aportar con tu declaración?
   Lo que me parece importante más allá de, por supuesto, lograr la cárcel común, perpetua y efectiva, es que vamos a denunciar por un lado que el gobierno de Isabel Perón, además de los crímenes que cometió a través de la Triple A ya llevaba adelante el plan genocida en el marco del Plan Cóndor. Esto es muy importante porque deja claro, por un lado, el rol del peronismo en este sentido y que siempre los gobiernos constitucionales con sus instituciones y fuerzas represivas fueron el brazo ejecutor de los planes del poder económico y la burguesía de conjunto. 
¿Qué pensás que le va a faltar a este juicio?
   Para empezar, en este centro clandestino fueron víctimas 101 personas, aunque en este juicio se hayan incorporado sólo 84 casos.Además no todos los responsables están siendo juzgados. Son 19 los acusados, pero existen pruebas de detenciones durante marzo y abril de 1975, como en el caso de mis padres y mi abuela, bajo el gobierno de María Estela Martínez de Perón.
En ese momento la dictadura uruguaya, en conjunto con las policías Bonaerense y Federal, llevaron adelante la persecución contra el Movimiento Nacional de Liberación en Argentina, deteniendo a unas 35 personas, algunas de las cuales luego de ser secuestradas y torturadas en la Brigada de San Justo fueron condenadas por la justicia ordinaria en el marco de la “ley antisubversiva” que fue sancionada en octubre del 74 y luego puestas a disposición del Poder Ejecutivo Nacional en dictadura.
Por eso deberían estar imputados todos los funcionarios de la época, incluso Isabel Martínez de Perón que coordinó con la dictadura uruguaya y las del Cono Sur la implementación del Plan Cóndor.
Tampoco hay imputaciones por la apropiación de bebés, cuando la Brigada de San Justo estuvo relacionada con la maternidad clandestina del Pozo de Banfield. Allí nací durante el cautiverio de mi mamá en 1978. Sin ir más lejos, mi apropiador era el hermano del comisario de la Brigada, Oscar Penna. Pero no soy la única, también están los casos de Paula Logares que fue apropiada por el subcomisario, y el de María José Lavalle Lemos que fue apropiada por una sargento, todos de San Justo. Sin embargo, en este juicio no hay ninguna imputación por apropiación de niños, en el marco del Plan Sistemático de robo de bebés.
¿Cuál es para vos la importancia de este juicio?
   El golpe genocida fue llevado adelante para avanzar sobre las condiciones de vida y las conquistas de los trabajadores y los sectores populares. Los que se beneficiaron siguen enriqueciéndose hoy y hasta formando parte no sólo de las fuerzas represivas, si no también del gobierno.
Más que claro es el caso del presidente Macri, que al final de la dictadura pasó a tener 47 empresas de 7 que tenía antes del golpe, si no que su deuda como la de otras tantas empresas fue estatizada por Domingo Cavallo en 1982. Cabe mencionar que respecto al exministro de Economía, Cristina Kirchner dijo que era “el cuadro más lúcido que el gran capital ha generado en Argentina”. De hecho durante los gobiernos kirchneristas nunca se han tocado a los grandes beneficiarios del golpe.
Estoy convencida que la lucha por el juicio y castigo para todos los responsables del genocidio es fundamental. No sólo para las víctimas y familiares. Creo que es totalmente necesario que las nuevas generaciones de trabajadores y jóvenes que luchan por sus derechos, puedan sacar sus conclusiones en el sentido de que para poder luchar para terminar con la explotación y la opresión es fundamental que luchemos de manera independiente del Estado y todos los partidos que representan intereses contrarios a los de los trabajadores y el pueblo pobre. Son esos partidos los que han garantizado y siguen garantizando la impunidad.
Por eso decidí por un lado no bajar jamás los brazos en la lucha por el juicio y castigo para los genocidas, y también por construir un partido que se organiza y lucha para disputar el poder a la clase que siempre descarga sus crisis sobre nosotros y es capaz de cometer los crímenes más atroces para sostener sus privilegios. Creo que ese es el mejor homenaje y una deuda que tengo con mis viejos y con nuestros 30.000 compañeros y compañeras. Espero que el miércoles puedan acompañarme durante mi declaración.

Fuente: http://www.laizquierdadiario.com/Victoria-Moyano-Vamos-a-demostrar-que-el-genocidio-arranco-en-el-Gobierno-de-Isabel-Peron

Leer más...

III. El PJ y Masacre de Ezeiza, Triple A, CNU

“La CNU y la Triple A estaban vinculadas a través del Ministerio de Bienestar Social”

Mario Urrera fue testigo del secuestro de su hermano en 1976. A Pipi Pomares, uno de los juzgados hoy en La Plata, lo reconoció en fotos. Denuncia que su caso y otros no fueron incluidos en este juicio.
Hija de desaparecidos | Miembro del CeProDH y de Justicia Ya!

Alegato por su hermano y por todos los caídos

Tiempo después de la masacre los cuerpos de los tres muchachos aparecieron acribillados por la espalda y por el frente flotando en el río a la altura de Sarandí.
Sobre la identificación de los cadáveres de Urrera, Miceli y Sathicq el testigo dijo que “la morgue del cementerio local de Avellaneda no daba abasto. Esa noche vi más de treinta cuerpos NN que tenían como destino la fosa común”.
Puesto a describir a la patota de Castillo, Urrera detalló que en La Plata se los conocía bien y se les decía “Los Fachos”. “Eran la ultraderecha peronista, antimarxistas, antizquierda y antisemitas”, definió.
“Cuando oigo hablar de ’Guerra Sucia’ no puedo entenderlo, estamos hablando de un grupo de genocidas que irrumpían protegidos por la noche, por la sombra, por las zonas liberadas. Puedo dar cuenta en lo personal de eso. Cuando pasó lo que pasó en mi casa, llamé al comando radioléctrico, correspondía la Comisaría Quinta por mi domicilio. No logré ninguna respuesta, solo burlas y amenazas de parte de los policías de la Comisaría Quinta”.
En una entrevista con Ricardo Alfredo “El Boxer” Lozano, un miembro de la CNU “arrepentido”, Urerra terminó de confirmar lo que ya sabía: que la banda la completaban Martín “Pucho” Sánchez, Vicente Álvarez, Roberto Antonio Storni (estos dos policías), David “Feiño” Massota y Omar Quinteros, entre otros.
Sobre el final de su testimonio, Urrera expresó con profunda emoción que “el estigma de semejante trauma hasta el día de hoy me acompaña. No soy la excepción, lamentablemente somos muchos. Vengo a hacer homenaje a la memoria de mi hermano, a la verdad y fundamentalmente al futuro de mis hijos y de mis nietos. El motivo por el cual estoy no tiene que ver con la valentía sino con los miedos que todavía los tengo, sobre todo con un miedo que ha sido mucho más contundente que el resto, que es el miedo al silencio. No podía imaginarme frente a mí mismo y frente a mi familia en silencio, porque uno termina siendo funcional a la barbarie, al genocidio, a la impunidad”.
Por último denunció el aberrante fallo de la Corte Suprema del “2x1” al genocida Luis Muiña, la puesta en duda de parte del presidente Macri acerca de los 30 mil desaparecidos, el intento de cambiar la fecha del feriado del 24 de Marzo, la osadía oficial de hablar de “guerra sucia” en lugar de hablar de genocidio, y el accionar de un Poder Judicial que ha lentificado este proceso, que lo ha fragmentado y maltratado.
“Ojalá este Tribunal no nos arrebate de las manos nuestra esperanza”, sentenció antes de recibir un cerrado aplauso del público presente.


TEMAS RELACIONADOS
Derecha peronista   /    Carlos "El Indio" Castillo   /    Juan José "Pipi" Pomares   /    CNU   /    Triple A   /    Peronismo   /    Genocidio   /    Libertades Democráticas   /    La Plata, Berisso y Ensenada   /    Política

Fuente: https://www.laizquierdadiario.com/La-CNU-y-la-Triple-A-estaban-vinculadas-a-traves-del-Ministerio-de-Bienestar-Social

Leer más...

II. El PJ y Masacre de Ezeiza, Triple A, CNU

A 45 AÑOS

La Masacre de Ezeiza:

“bautismo de fuego”

 de la derecha peronista

20 de junio de 2018

Los ataques perpetrados por la derecha peronista, durante la Masacre de Ezeiza, marcaron el inicio de una serie de enfrentamientos violentos destinados a terminar con la vanguardia obrera y de izquierda.



El 20 de junio de 1973 el General Juan D. Perón regresaba a Argentina luego de 18 años de proscripción y exilio. Desde Madrid partió rumbo a Buenos Aires acompañado de una comitiva conformada por su esposa Isabel Perón, el presidente Hector Cámpora, los sindicalistas Rucci y Lorenzo Miguel y José López Rega –ministro de Bienestar Social– todos ellos hombres muy cercanos a Perón sobre todo el “brujo”. El líder peronista aterrizó en la base militar de Morón recibido por los Comandantes en jefe de las FFAA mientras que dos millones de personas se habían reunido en los alrededores de los bosques de Ezeiza, lugar elegido para realizar el acto de bienvenida. Esperaban el encuentro con el líder peronista.
Desde las primeras horas de la mañana, los hombres del teniente coronel Jorge Osinde (como veremos más adelante, uno de los organizadores de la represión) comenzaron un enfrentamiento desde los palcos y el escenario disparando con armas largas sobre las columnas de la izquierda peronista, representadas por la JP y Montoneros (la Tendencia), en forma indiscriminada.La derecha peronista tuvo su “bautismo de fuego” en la Masacre de Ezeiza, montando un verdadero operativo de guerra.
Lo que se pensaba que sería una fiesta histórica del peronismo se convirtió en una tarde de terror para el conjunto de las personas movilizadas. Los acontecimientos en Ezeiza iniciaron una fuerte ofensiva de la burocracia sindical y de los sectores más conservadores y reaccionarios del peronismo buscando dar un golpe palaciego al Gobierno de Héctor J. Cámpora. Su objetivo: neutralizar y disminuir la influencia de los sectores de izquierda dentro del peronismo y aniquilar a la vanguardia obrera y popular.

Los antecedentes de la Masacre de Ezeiza

Perón volvería al país para contener el ascenso obrero y popular –que se inició con el mayo cordobés– y terminar con las experiencias políticas que la vanguardia obrera venía desarrollando en las fábricas. La única carta posible que podía jugar la burguesía era la vuelta de Perón y fue el presidente de facto, Alejandro Lanusse, el encargado de abrir nuevamente el juego electoral al partido proscripto a través del Gran Acuerdo Nacional(GAN). No nos olvidemos que el peronismo es el partido burgués al que respondía políticamente el movimiento obrero y su burocracia (1).
Las ilusiones que despertaba el retorno de Perón en las masas se había manifestado ya en los multitudinarios festejos de asunción del Presidente Cámpora el 25 de mayo de 1973, ese mismo día el nuevo gobierno liberó a los presos políticos de la dictadura producto de la intensa movilización popular.
Los sectores representantes de la izquierda peronista habían ganado influencia política dentro del Movimiento y del propio gobierno camporista. Por ejemplo, tanto la gobernación de la Provincia de Buenos Aires como la de Córdoba (entre otras), representadas por Bidegain y Obregón Cano, eran aliadas de la Juventud Peronista. Los dirigentes sindicales, por su parte, estaban incómodos con la campaña presidencial que se estaba gestando en marzo del 73 y buscaron alcanzarle su preocupación al líder exiliado sobre la presencia de “infiltrados” en el Movimiento y el avance de la izquierda en los sindicatos. Perón, quien oscilaba entre dar aire a los sectores más radicalizados y apoyarse en los sectores ortodoxos según el momento político que atravesaba, se apoyó en los primeros para facilitar su vuelta al país y el retorno a la presidencia. Pero la “primavera camporista” no detuvo el ascenso de la lucha de clases y se produjeron masivas tomas de edificios públicos. Para el día 14 de junio más de 180 escuelas, hospitales y Ministerios se encontraban tomadas por sus trabajadores.
Esta situación llevó a Perón a pactar, tiempo antes de su llegada al país, con los sectores sindicalistas y las organizaciones de la derecha peronista representadas tanto por el “brujo” como por Rucci. Esto también explica porqué la Comisión Organizadora del acto de bienvenida en Ezeiza estaba formada por el Secretario General de la CGT, Lorenzo Miguel (Jefe de los metalúrgicos), la neofascista Norma Kennedy por la rama femenina, el Secretario de Deportes y Turismo Jorge Osinde –que en la práctica es quién dirigió los ataques desde una habitación del Hotel Internacional de Ezeiza– y, por último, Juan Manuel Abal Medina (Secretario general del Movimiento Peronista) único que tenía buenas relaciones con la izquierda peronista. La relación de fuerzas desde esta perspectiva era más que clara.

Los hechos

Mientras en la madrugada del miércoles 20 de junio las columnas peronistas se dirigían hacia el sur del Gran Buenos Aires, cerca de tres mil hombres armados hasta los dientes al mando de Osinde y del Jefe de la Policía, gral. Iñiguez, se apostaron en los alrededores del palco esperando la llegada de la JP y los Montoneros. El selecto grupo estaba integrado por parapoliciales, guardaespaldas sindicales y activistas de derecha que eran miembros regulares de las organizaciones de la derecha peronista: la Concentración Nacional Universitaria (CNU), el Comando de Organización (CdeO) de Brito Lima y la Juventud Sindical Peronista (JSP), recientemente creada por Rucci para competir directamente en el terreno de la JP. Todos ellos tenían la orden de disparar si las columnas avanzaban hasta ocupar los espacios más cercanos al escenario que correspondía a los primeros 300 mts, destinados para la gente llevada por los sindicatos que no alcanzaba las 200.000 personas, un número ínfimo si lo comparamos con la gente que llevó la JP.
En el transcurso del día se sucedieron una serie de episodios confusos: balaceras, corridas, se cantaba el himno y, luego, volvían a escucharse disparos. A partir de las 15 hs el ataque contra las masas dispersas era evidente mientras el conductor del acto Leonardo Fabio intentaba contener la histeria general. A las 16:20 Fabio repetía desde el micrófono una vez más que Perón estaría pronto a llegar, cuando minutos más tarde el avión descendía en la base de Morón. Aunque los organizadores del acto aseguraron que el aterrizaje en la base aérea había sido improvisado debido a la tensa situación que se estaba desencadenando en los alrededores de Ezeiza, lo cierto es que ya se sabía desde hacía horas que a Perón lo estaban esperando en Morón. Incluso Miguel Bonasso cuenta enLa Voluntad que antes de ir a Ezeiza se cruzó en la Casa Rosada con Oscar García Rey – funcionario de López Rega – quien le dijo que ni se gaste en ir al acto de bienvenida porque Perón no iba a llegar nunca allí (2).
Las ambulancias del Ministerio de Bienestar Social tuvieron un rol destacado en la represión. Fueron las encargadas de trasladar el armamento hasta la zona (se utilizaron escopetas de caza, fusiles fal, subametralladoras uzi, metralletas halcón, pistolas calibre 45, fusiles de miras telescópicas, entre otra) y funcionaban como unidades operativas de la CdeO, identificados con un brazalete blanco mientras que la JSP usaban uno verde). En el palco los prisioneros eran golpeados y tajeados mientras miles de palomas “de la paz” que iban a ser utilizadas para la bienvenida de Perón volaron sobre el terreno de enfrentamiento para generar distracción durante la balacera. La descripción de la escena expresa el desconcierto y la confusión general. Se había ocupado el Hogar Escuela Santa Teresa como base de operaciones mientras que el Hotel Internacional se utilizó para la tortura de los prisioneros, a cargo del jefe de Seguridad de Rucci, el negro Corea.
Por su parte el Automóvil Club Argentino (ACA) le brindó a Osinde y a Iñiguez unas quince grúas, tres camiones y dos coches para coordinar las comunicaciones del aparato de seguridad.
El SMATA, la UOM y la UOCRA fueron tres de los sindicatos que más hombres brindaron al operativo. El SMATA particularmente ocupó la parte izquierda del palco y controlaban la zona del Puente 12 bajo las órdenes del pistolero Adalberto Orbiso quien fuera interventor del SMATA en Córdoba luego del Navarrazo y, más recientemente, aliado de Massa y del Frente Renovador en Morón en las elecciones del 2013. Al día siguiente de los hechos, el SMATA publicó una solicitada reivindicando los acontecimientos en Ezeiza y defendiendo abiertamente los ataques. Esta costumbre del SMATA se mantiene hasta la actualidad. La lucha de los trabajadores de Lear dio cuenta de que los sucios métodos de la burocracia sindical de los setenta continúan presentes en el sindicato liderado por Pignanelli.
Al día siguiente los medios más importantes hablaron de enfrentamientos y peleas entre grupos antagónicos (ver La Prensa, Clarín y La Razón del 20/7 y 21/7) cuando en realidad fue una emboscada organizada con antelación por la derecha peronista y avalada por el propio Perón. Los datos de Vertbitsky en Ezeiza hablan de un saldo de 13 muertos, 365 heridos y decenas de hombres torturados.
Perón no tardó en ubicarse del lado de los pistoleros y de la “patria peronista”. El 21 de Junio habló por Cadena Nacional en televisión y, sin repudiar los violentos ataques del día anterior, dijo: “Es preciso volver a lo que fue en su hora el apotegma de nuestra creación: de casa al trabajo y del trabajo a casa, porque sólo el trabajo podrá redimirnos de los desatinos pasados. Ordenemos primero nuestras cabezas y nuestros espíritus […] Por eso deseo advertir a los que tratan de infiltrarse en los estamentos populares o estatales que por ese camino van mal. Así, aconsejo a todos ellos tomar el único camino genuinamente nacional: cumplir con nuestro deber de argentinos sin dobleces ni designios inconfesables”. El mensaje no solamente buscaba interpelar a los sectores del peronismo más radicalizados sino que también le daba vía libre al accionar de los grupos fascistas para aniquilar la vanguardia obrera y estudiantil.

Después de Ezeiza

La primavera camporista duro apenas 49 días, el 13 de julio el tío presentaría su renuncia siendo reemplazado por Raúl Lastiri -yerno de López Rega- hasta que en Octubre asumió Perón. En su tercera presidencia gobernó junto con los sectores más reaccionarios del Movimiento Peronista manteniendo muy buenas relaciones con la burguesía nacional. El General no estaba cercado, como solía justificar una y otra vez la “juventud maravillosa”, sino que tomó una decisión política: enfrentarse a las organizaciones de izquierda que le disputaban el poder a su viejo aliado sindical y organizar la represión obrera y juvenil utilizando dos vías: la legal y la clandestina.
La escalada de violencia fue in crescendo con la creación de la Triple A, banda parapolicial creada por el Estado y organizada desde el Ministerio de Bienestar Social (3). Según Ignacio González Janzen en La tripla A, el debut de la banda fascista fue en Ezeiza aunque el primer atentado reconocido por ellos fue en noviembre de 1973 cuando le colocan una bomba al auto del senador radical Solari Yrigoyen.
El año siguiente fue testigo del fortalecimiento del giro a derecha del gobierno de Perón con la reforma del Código Penal, la prohibición de la ocupación de fábricas y la aprobación de la Ley de Asociaciones Profesionales y el golpe policial cordobés conocido como el Navarrazo.
La Masacre de Ezeiza fue el huevo de la serpiente. En los dos años siguientes el conjunto de organizaciones parapoliciales encabezadas por la Triple A secuestraron y asesinaron a más de dos mil personas que formaban parte de la vanguardia obrera y estudiantil del campo peronista pero también del clasismo y la izquierda. Muchos de los integrantes de la Triple A y del resto de las bandas se reacomodaron durante la dictadura participando de los grupos de tarea organizados por las FFAA a partir del ´76 o colaboraron desde los sindicatos con el nuevo gobierno militar como recordó nostálgicamente Barrionuevo hace algún tiempo. También hombres como Moyano - que comenzó su vida política y sindical en la JSP de Mar del Plata acusada de perseguir militantes de izquierda en coordinación con la Triple A y la CNU- mantiene su liderazgo sindical hasta hoy. Otro de los casos más conocidos es el del actual titular de la UOCRA que tuvo sus inicios en el área del espionaje.
Actualmente la mayoría permanece impune y, no sólo eso, sino que se mantienen en las direcciones de los sindicatos reproduciendo las viejas lógicas propias de los matones de los setenta. Por este motivo, la tarea principal de la vanguardia obrera continúa siendo recuperar los sindicatos para echar definitivamente a estos dirigentes sindicales que continúan siendo leales a los intereses de los empresarios y gobiernos de turno.
Referencias:
1. Ver Insurgencia Obrera. Ruth Werner, Facundo Aguirre, 2007, ed IPS. Pag. 72.
2. Ver La Voluntad Vol II, Eduardo Anguita, Martin Caparrós, ed Planeta. pag 62.
3. Ver Andrea Robles, "La Triple A y la política represiva del gobierno peronista" enInsurgencia Obrera.

Fuente: https://www.laizquierdadiario.com/La-Masacre-de-Ezeiza-bautismo-de-fuego-de-la-derecha-peronista

Leer más...

Blogs amigos