A recordar

19 de diciembre de 2018

II. Invocar al pueblo o al protagonismo popular en las calles excluye el imperativo de política anticapitalista ya en disputas territoriales.

América Latina y El Caribe y 
su extractivismo político
19 de diciembre de 2018

Por Eduardo Camín
 Rebelión


El neoliberalismo es la expresión actual de la transición del capitalismo a una nueva fase de la internacionalización del capital, caracterizada por la supremacía de las corporaciones trasnacionales y el predominio, a una nueva escala, del capital financiero internacional sobre el capital productivo. En esta nueva fase del capitalismo no crece -como se afirma- la interdependencia, sino que se agudiza y profundiza la dependencia de los países subdesarrollados.

Es cierto que hay una nueva interrelación dinámica entre lo internacional, regional y lo nacional, pero el elemento nacional no desaparece y prueba de ello son las agudas pugnas o guerras comerciales entre Estados Unidos, los países de la Unión Europea, China y Japón, así como las contradicciones al interior de la propia Unión Europea, que es en principio el esquema de integración que (pareciera que) más ha avanzado en el mundo.
En todo caso, donde sí está desapareciendo la cultura de lo nacional es en los países del llamado Tercer Mundo, en virtud del incremento de su dependencia de las grandes potencias industrializadas, lo que se manifiesta a través de la extranjerización de sus economías, la pérdida de sus recursos naturales, la erosión de su soberanía y el incremento de la injerencia y la intervención foránea.

En estos últimos años, la avalancha ideológica neoliberal ha sido de tal magnitud, que incluso ejerce una influencia determinante en la producción teórica y en la práctica política de diversos sectores de la izquierda. Con diferentes matices, se afianzó la idea de que la revolución social es irrealizable, por lo que es necesario adaptarse a las reglas del capitalismo y tomar distancia del lenguaje y los programas radicales, de cambios estructurales.

El comandante Ernesto Che Guevara, decía que "el capitalismo recurre a la fuerza, pero, además educa a la gente en el sistema. La propaganda directa se realiza por los encargados de explicar la ineluctabilidad de un régimen de clase, ya sea de origen divino o por imposición de la naturaleza como ente mecánico. Esto aplaca a las masas que se ven oprimidas por un mal contra el que no es posible luchar" ("El socialismo y el hombre en Cuba", 1965).

Algunos renunciaron hace ya mucho tiempo al socialismo, mientras que otros diluyen su esencia y lo convierten en una especie de capitalismo idílico, dentro del cual será posible satisfacer los intereses del conjunto de la nación. Argumentan que a lo que más se puede aspirar es a moderar los excesos de las políticas antipopulares y que los oprimidos deben seguir cediendo paulatinamente, porque corren el riesgo de perderlo todo.
En realidad la izquierda ha sido incapaz de responder de manera efectiva a los diferentes ciclos de crisis financiera, y al rol del Estado, por un lado contrario a las iniciativas “genuinamente” públicas, y por otro a la puesta en marcha de políticas a favor del mercado. Los ejemplos más elocuentes son las asociaciones públicas privadas (PPP, modelo del Banco Mundial).

Esta actitud de la izquierda progresista genera descontento y desconfianza en los sectores populares, y estimula de alguna medida la agresividad de la derecha, para la cual, quien provenga de la izquierda, jamás terminará de expiar sus culpas. En cualquier caso la derecha no engaña a nadie, se comporta y gobierna de acuerdo a su ideología, asume el desprecio por las clases trabajadoras y a las ventajas concedidas al capital.
En realidad la derecha es derecha de acuerdo a una serie de valores, a unas acciones y unos intereses de clase que desarrolla, defiende e impulsa, mientras que la izquierda representa la negación de esos valores, acciones e intereses.
Pero si se observan las políticas que en la actualidad se ejecutan, a lo largo y ancho del planeta podemos afirmar que la diferencias entre derecha e izquierda parece puramente semántica, y que solo las controversias surgen y se hacen más visibles en periodos electorales, cuando se intensifica la competencia en un mercadeo en pos de los votos de los ciudadanos.

En la actualidad, frente a los síntomas de incremento de la crisis económica, política, social, y moral se pretende nuevamente tomar la iniciativa para mediatizar otros reclamos populares. Ahora nos hablan de un Estado redistribuidor y de la necesidad de políticas sociales que promuevan el desarrollo humano, al tiempo que condenan la desigualdad y la pobreza.

¿Acaso no nos explicaban hasta hace poco que la economía imponía un límite? ¿No nos decían que ese límite hacía inevitable que una parte creciente de nuestras sociedades quedase condenada a un eterno estatus infrahumano? ¿Cómo explicar que nuestro subcontinente es el que registra el mayor índice mundial de crecimiento simultáneo de la riqueza y la pobreza?
Si hay más riqueza: ¿por qué tiene que haber mayor pobreza? ¿Será cierto que la economía impone tal límite al desarrollo humano o es que el límite lo impone el deseo de elevar las tasas de ganancia a cualquier costo? ¿Es éste el entorno "moderno" que le permitirá a la izquierda construir la democracia, con justicia social y desarrollo sostenible?
Con el denominado desarrollo sostenible, nos sucede algo similar a lo que ocurre con las limitaciones del sistema capitalista, ya que se ha convertido en un concepto polivalente que se recita como una especie de mantra por parte de todo tipo de agentes económicos, sociales, políticos, culturales y ambientales, incluso por aquellos que más contribuyen con sus acciones al deterioro ambiental.

Dichas nociones se han magnificado de forma interesada al mismo tiempo que se integran en la engrasada maquinaria de la mercadotecnia y la publicidad. Se convierte en algo de buen tono, propio de ciudadanos comprometidos y progresistas, hablar de ecología, desarrollo sostenible, crecimiento sustentable, recursos ambientales, en cuanto surge la mínima ocasión.

Claro, sin cuestionar que estos conceptos encierran en sí mismo una contradicción insalvable con la esencia inmanente del modo de producción capitalista, pues éste genera antagonismos que lo hacen insostenible hasta el punto de tener suficiente poder ideológico, cultural, técnico económico-político como para destruir el planeta.
Hace ya algunos años que en los foros de izquierda se insiste en la necesidad de encontrar proyectos alternativos al neoliberalismo, pero la búsqueda es tan retórica como infructuosa. Y seguirá siendo infructuosa y eterna mientras se mantenga como premisa la aceptación de que el status quo impuesto por la globalización neoliberal es inmutable.

Es verdad que el mundo experimenta transformaciones irreversibles, en virtud del desarrollo de la Revolución científico-técnica, pero la globalización neoliberal impone un orden económico, político y social aún más esclavista y explotador, no es el camino al futuro, sino un callejón sin salida para toda la humanidad.

Por este motivo, esos sectores de la izquierda que supuestamente tienen un enfoque moderno de las nuevas realidades, deberían estudiar cómo el neoliberalismo altera el sistema político dentro de sus respectivos países, para evaluar adecuadamente el valor real de la simple cosecha electoral, cuando se carece de un proyecto de poder. De lo contrario, seguirán siendo ellos los que tienen una lectura equivocada de la realidad y continuarán midiendo los resultados de su gestión política por parámetros obsoletos.
Ese camino conduce a administrar o coadministrar la crisis del capital en beneficio de los capitalistas y a cargar con los costos que a ellos les corresponden. El capitalismo, en su fase neoliberal, demostró ser un sistema basado en el incremento sin límites de la desigualdad y la marginación, que beneficia exclusivamente a las trasnacionales y las élites locales a ellas asociadas.

Puede que la transformación profunda de la institucionalidad sólo sea posible a mediano o largo plazo, pero el combate frontal contra el neoliberalismo es una tarea impostergable, porque mientras más avance más desintegradas quedarán nuestras naciones.

¿Qué países tendremos los latinoamericanos cuando no queden escuelas, sino sólo colegios privados; cuando no queden hospitales, sino sólo clínicas privadas; cuando no queden parques, ni carreteras, ni recursos naturales propiedad del pueblo, todo ello combinado con una reducción indetenible del poder adquisitivo de la ciudadanía en general?

El capitalismo neoliberal ya no sólo descarta y cierra las puertas a los humildes, sino también, entre muchos otros, a los pequeños medianos -e incluso grandes- empresarios que no pueden competir dentro de sus propios países, en virtud de la apertura unilateral y discriminatoria de mercados.
El capitalismo carece de respuestas y soluciones para las necesidades y aspiraciones de los pueblos. Podemos afirmarlo abierta y francamente, aunque en esta etapa de la lucha no todos estén de acuerdo con el socialismo. Podemos afirmarlo porque dentro del capitalismo no hay alternativa. Ya está demostrado que, incluso donde hubo -y donde hay- crecimiento económico, sigue y seguirá aumentando la pobreza y la marginación.
Eduardo Camín. Periodista uruguayo, miembro de la Asociación de Corresponsales de prensa de la ONU en Ginebra. Asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=250385

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18 de diciembre de 2018

I. Invocar al pueblo o al protagonismo popular en las calles excluye el imperativo de política anticapitalista ya en disputas territoriales.


Elementos para una 
formación política anticapitalista.
Una perspectiva ecosocialista.

18 de diciembre de 2018

Por Renán Vega Cantor
Herramienta
Me parece que es necesario actualizar un programa de formación política anticapitalista, acorde con las necesidades de hoy. Al respecto propongo cuatro grandes asuntos, en su orden: una formación política clásica; aspectos fundamentales de una crítica ecosocialista; una visión crítica de la tecnología (o mejor aún, de la tecnociencia); y, una formación crítica en medios de comunicación e información. Estos cuatro grandes temas se constituyen en ejes medulares de una renovada crítica al capitalismo, que supone que los sujetos interesados en enfrentarlo deberían tener en cuenta, porque allí están involucrados las grandes cuestiones y retos a que nos enfrentamos por la expansión mundial del capital hasta el último rincón del planeta.
Se trata de abrir una ventana de reflexión, que nos permita pensar en un amplio espectro de formación política, que incorpore los problemas acuciantes de nuestro tiempo, y vaya más allá de lo que tradicionalmente se entiende por formación política, la cual se suele reducir, en el mejor de los casos, a lo que aquí se considera en el primer punto. Pensamos que ahora, como en tiempos de los grandes revolucionarios anticapitalistas –desde mediados del siglo XIX–, la reflexión crítica es un soporte de una acción transformadora y eso requiere una necesaria actualización del análisis, que vaya más allá de los elementos que tradicionalmente han formado parte del acervo formativo de las izquierdas. Un pensamiento emancipador en nuestro tiempo exige entender, para enfrentar y proponer soluciones que reafirmen la justeza del anticapitalismo - para mencionar un hecho apremiante -, las implicaciones del calentamiento global en marcha, y cómo ello se constituye en un telón de fondo de cualquier proyecto de sociedad que supere al capitalismo.
Lo mismo puede decirse de la tecnología, sobre la cual las diversas izquierdas tienen una visión apologética, que no se distingue de ninguna forma de la racionalidad capitalista dominante en ese terreno. Eso explica que los militantes políticos crean, en sentido general, en la pretendida neutralidad de las fuerzas productivas, y no hayan entendido la misma noción de fuerzas productivas-destructivas, acuñada por Carlos Marx a mediados de la década de 1840. 
Primero: La formación política clásica 
En este caso me refiero a la formación encaminada a estudiar y desentrañar las raíces de la explotación, la injusticia, la desigualdad y la explotación que caracterizan a la sociedad capitalista. Para ello debería hacerse una aproximación múltiple que incorpore al análisis marxista, junto con elementos del pensamiento anarquista y otras corrientes críticas anticapitalistas, forjadas en diversos lugares del mundo y en distintas épocas. Al respecto, debería incorporarse entre otros, estos aspectos: elementos de la crítica de la economía política (que apunten a delinear las características del capitalismo e imperialismo), aspectos centrales de la concepción materialista de la historia, historia de las luchas sociales y políticas de Colombia y América latina (con especial énfasis en la trayectoria de los trabajadores urbanos y rurales). Incluir asimismo una perspectiva crítica sobre los proyectos de construcción socialista y las razones que explican su fracaso (empezando por el caso de la Unión Soviética, pero incluyendo también a China y otras experiencias). Debe enfatizarse la importancia del análisis feminista para incorporar las complejas relaciones entre sexo-género y clase, y la crítica al patriarcado, como complemento necesario a la crítica a la dominación de clase.
Es imprescindible comprender las características que hacen que el capitalismo sea un sistema explotador, pero, además, que deshumaniza, aliena y destruye a una gran porción de los seres humanos. En este sentido, una formación política debe recobrar un vigoroso y sustentado anticapitalismo, enraizado, por supuesto, en las luchas prácticas que llevan a cabo las clases subalternas en diversos lugares del mundo, de América Latina y de Colombia. En este ámbito debería tenerse en cuenta, pese a que se afirme lo contrario, que el capitalismo está llegando a un momento de agotamiento, como producto de un sinnúmero de contradicciones internas, que finalmente son resultado de su espíritu autodestructivo, con lo cual conduce a la humanidad a un colapso catastrófico. Si eso es así, nos debemos contentar con ser observadores mudos y pasivos de la huida hacia el abismo, o, como lo sugería con lucidez, el marxista Walter Benjamin, deberíamos accionar los frenos de emergencia para evitar que el capitalismo nos lleve más rápidamente hacia el hundimiento.
Sobre este tópico, un autor alemán, Wolfagang Streeck, recientemente publicó un libro con el llamativo título:¿Cómo terminará el capitalismo? Ensayos sobre un sistema en decadencia. Este autor afirma en forma tajante:
El hecho de que el capitalismo haya logrado sobrevivir hasta ahora a todas las predicciones de su muerte inminente no tiene por qué significar, que siempre será capaz de hacerlo; no hay ninguna prueba inductiva al respecto y no podemos descartar la posibilidad de que la próxima vez la caballería que el capitalismo pueda requerir para su rescate no aparezca a tiempo. [1] 
Aunque el autor citado considere que el capitalismo está en vías de desaparición, cree que esto es resultado de fuerzas internas y endógenas, que no necesitan de ningún sepulturero (como lo señalaba Karl Marx en el Manifiesto comunista , hablando de los trabajadores), sino que será un fenómeno sin sujeto y sin reemplazo a la vista. Para nosotros, esta afirmación es fatalista, porque nos quita la posibilidad de pensar en otra realidad postcapitalista, en la que múltiples sujetos impidan con su accionar concreto que el capitalismo nos destruya a todos. Justamente, en esa dirección debería apuntar una nueva formación política: a romper con ese prejuicio que se ha convertido en una pretendida verdad indiscutible de que, como lo ha dicho Frederick Jameson, ahora se supone que es más factible el fin del mundo que el fin del capitalismo.
En este terreno resulta necesaria una mirada global y sintética al mismo tiempo que rompa con dogmatismos y sectarismos e incluya un acercamiento entre la tradición marxista y otros pensamientos emancipatorios, superando el eurocentrismo y el colonialismo, pero eso sí evitando caer en el culto a modas teóricas de ocasión, que en muchos casos son de corta duración y no contribuyen al esclarecimiento de la lógica destructiva del capital.
Segundo: Fundamentación de una crítica ecológica del capitalismo
Es imprescindible una formación política que incluya la consideración de los problemas ambientales del mundo de hoy, y las razones que explican por qué el capitalismo destruye los ecosistemas y las condiciones naturales de producción. En esta perspectiva, una educación política hoy debería encaminarse a romper con la ilusión de que es posible un crecimiento económico ilimitado en un planeta finito. Debe enfatizarse que un proyecto anticapitalista no puede repetir las equivocaciones de copiar la lógica del funcionamiento capitalista, como si eso fuera posible y sostenible a largo plazo, como hicieron las experiencias revolucionarias en el siglo XX. Es necesario romper con la falsa interpretación, entre muchas izquierdas “progresistas”, de que la ecología es un lujo de los ricos y no tiene que ver con la explotación y la desigualdad. Por ello, se requiere de una alfabetización ambiental para afrontar el ecocidio planetario en marcha y sus manifestaciones particulares en Colombia y América Latina.
Grandes problemas que afectan en la actualidad a una gran parte de los seres humanos y a otras formas de vida son producidos por la lógica intrínseca del capitalismo, que se basa en la idea de que es posible producir en forma ilimitada, con el fin de obtener ganancias, que se transforman en dinero y que dicho proceso puede renovarse en forma indefinida. El problema con este tipo de apreciación es que choca con los hechos más elementales, aunque eso no se suela ver por parte de la mayor parte de las izquierdas: sí, cada día se produce una gran cantidad de mercancías, gran parte de ellas innecesarias y nocivas, pero eso viene acompañado al mismo tiempo de la destrucción de los ecosistemas, la aniquilación de la biodiversidad, la extinción de especies animales y vegetales, la contaminación de mares, tierras y el aire, el calentamiento global…., problemas de dimensión mundial que cada día se tornan más apremiantes y críticos.
Para sopesar la verdadera dimensión de ese carácter destructivo del capitalismo, el pensamiento ecologista nos proporciona un concepto de indudable importancia, el de límites. Dicho concepto tiene múltiples implicaciones –y alrededor del mismo debería emprenderse un proyecto de educación ecosocialista teórica y práctica–, como lo indica el australiano Ted Trainer:
El núcleo de la cuestión en el asunto de los límites es que estamos entrando en una era de intensa e irremediable escasez, que invalidan las nociones de emancipación basadas en sistemas mundializados o centralizados, industrializados y técnicamente sofisticados, economías del crecimiento o estilos de vida opulentos. [2] 
Una nueva formación política anticapitalista debería educar en la idea de los límites, porque justamente el capitalismo se sustenta en el terrible equivoco, que se ha convertido en un lugar común como si fuera cierto, de que nada puede impedir el crecimiento perpetuo de la acumulación de capital, y que si existiesen problemas coyunturales estos pueden ser superados por los desarrollos científicos y tecnológicos. Un pensamiento de los límites es modesto, consciente de nuestra finitud y fragilidad como especie, no aspira a viajar a Marte, ni a disparates por el estilo.
Ahora bien, una formación política anticapitalista de tipo ecologista requiere superar dos impases o malentendidos: el que niega la importancia de los problemas ecológicos – dominante en unas izquierdas que le rinden culto al productivismo y al crecimiento, como hoy lo ejemplifican los cultores del modelo chino– y el de los ecologistas convencionales que niegan la existencia del capitalismo, como realidad esencial que destruye a la naturaleza. Esta disociación, aparentemente irreconciliable, debe ser superada en un nuevo proyecto anticapitalista, que exige un mutuo aprendizaje y reconocimiento, que lleve a entender que una lucha política tiene que estar acompañada de una sensibilidad ecológica. Como lo ha dicho con claridad el pensador ecosocialista Jorge Riechtmann: 
La mayor parte del (muy minoritario) movimiento ecologista/ambientalista no es anticapitalista. La mayor parte del (muy minoritario) movimiento anticapitalista no es ecologista. A unos les falta comprensión de lo que es la acumulación de capital, y cómo condiciona casi todo. A otros les falta comprensión de lo que es el cenit del petróleo, el calentamiento climático y la Sexta Gran Extinción, y cómo condicionan casi todo. En la intersección de esas dos pequeñas minorías tenemos un minúsculo grupo de ecologistas anticapitalistas (que deberían ser también feministas y animalistas) con una comprensión más o menos adecuada de dónde estamos en realidad, de en qué mundo vivimos de verdad. Los llamamos, para abreviar, ecosocialistas. Somos cuatro gatos. [3] 
Un tema que debería estar en todas las agendas anticapitalistas de nuestro tiempo –porque así no se proponga conscientemente va a determinar, gústenos o no, el presente y el futuro inmediato– es el del trastorno climático global, cuya principal manifestación es el aumento de la temperatura promedio del planeta tierra. Este es un tema urgente y obligatorio, que debe ser estudiado y comprendido –aunque sobre el mismo no exista el más mínimo atisbo de conciencia que la situación exige– por el impacto que tiene y tendrá en el futuro inmediato.
Desde este punto de vista, el clima es un asunto político, puesto que incide de forma directa e inmediata en la vida cotidiana de todos nosotros, como se ve a diario, con las inundaciones, las sequias, los huracanes cada vez más destructivos, el frío extremo, el calor asfixiante… No podemos pensar que esos sean fenómenos naturales, al margen de la realidad capitalista, con su lógica de producción incesante de mercancías y búsqueda insaciable de ganancias. Es lógico hablar de capitaloceno , porque esa denominación recalca que el capitalismo tiene un sello, casi de tipo geológico, que deja una huella destructiva por doquier.
Tercero: Una visión crítica de la tecnología
Es necesario incluir una formación política que apunte a develar el papel que cumplen las “nuevas tecnologías” como soporte de nuevas formas de explotación, dominación y alienación y base esencial del capitalismo. En una perspectiva dialéctica debería mostrarse ese carácter destructivo, pero también lo que se pudiera rescatar en un horizonte emancipador. Se trata de no dejar este campo en manos de los tecnócratas ni tampoco aceptar el culto acrítico de las tecnologías informáticas por el solo hecho de que son usadas en forma permanente y cotidiana (como internet, Facebook, celular…) por todos nosotros, sin ningún tipo de reserva crítica (ni teórica ni mucho menos práctica) que nos permita romper con la subordinación a la tecnología, a partir del discutible supuesto que esta es neutral. Justamente, uno de los puntos fuertes de una apuesta de un tipo distinto de formación es romper con el prejuicio, profundamente negativo y desmovilizador, de la pretendida neutralidad de la tecnología.
Una alfabetización crítica y política en materia de tecnología es necesaria, si tenemos en cuenta la tecnolatriadominante en nuestros días, que se expresa en el fetichismo hacia ciertos objetos, empezando por el infaltable teléfono celular, como si fueran en sí mismos y por sí mismos instrumentos de emancipación. Uno esperaría que, al respecto, la gente que se denomina de izquierda tuviera un acercamiento de otra índole con relación a esas tecnologías, y que fuera más allá de la concepción dominante de que estas son la expresión máxima de progreso humano y que son neutras. Habría que indagar, por ejemplo, sobre los efectos negativos de las tecnologías, en concordancia con la lógica capitalista, que busca maximizar ganancias, ahorrar costos y aumentar la explotación humana. Asimismo, habría que considerar el gasto energético y de materiales que genera la producción y consumo de un determinado artefacto tecnológico, en momentos en que hemos entrado en el pico del petróleo y de todas las fuentes materiales y energéticas fundamentales para el funcionamiento de la sociedad capitalista, que anuncia una irreversible escasez de petróleo, carbón, minerales, agua…. A partir de esa situación, es bueno preguntarse sobre su costo ambiental, humano y social de las tecnologías y si ello justifica su existencia.
Esto, desde luego, no supone renunciar a la técnica –algo imposible, puesto que este es un componente distintivo de los seres humanos– sino entender que la tecnología funcional al capitalismo es energéticamente despilfarradora, derrocha materiales a granel, genera nuevas formas de alienación y sojuzgamiento, destruye los vínculos sociales, aumenta el desempleo y la explotación… Por ello,
Debería quedar claro que criticamos no el concepto de tecnología en sí mismo […] sino la suicida dependencia de determinadas tecnologías en las que nos hemos embarcado ciegamente en este apenas siglo y medio de auge industrial. Así, defendemos otras tecnologías posibles, de hecho, ya existentes y contrastadas por su uso histórico: tecnologías democráticas, sencillas, eficientes, de bajo costo material y energético, fáciles de entender y hacer nuestras […] y cuyo uso no nos expone a riesgos relevantes en caso de colapso económico. [4] 
Una visión crítica de la tecnología debe apuntar a mirar con circunspección y distancia cualquier invento e innovación tecnológica, y dudar de los cantos de cisnes que entonan alabanzas a cualquier artefacto, invento o área del conocimiento dominada por los intereses de la tecnociencia. En concreto, preguntarse siempre, por ejemplo: ¿para qué sirve un robot? ¿Cuánto desempleo genera la introducción de robots en una determinada rama de la actividad económica? ¿Cuánta energía y bienes materiales necesita un robot para funcionar? ¿Qué tan útil y necesaria es una aplicación informática que nos dice que está lloviendo o está haciendo sol, si eso lo podemos constatar en forma elemental? ¿Quién o quiénes se benefician y perjudican con un nuevo artefacto técnico?
Y esta es una cuestión esencialmente política y no técnica, dado que en el capitalismo actual la tecnología se ha convertido en una fuerza productiva-destructiva, fundamental para su funcionamiento, es decir, para generar ganancia, acumular capital, explotar trabajadores, alienar consumidores y destruir los ecosistemas.
Se hace necesaria una alfabetización política sobre el sentido, alcances y consecuencias de las innovaciones tecnológicas, puesto que estas son un motor esencial del poder del capital, del establecimiento de sofisticados mecanismos de alienación y explotación y, además, porque se convierten en poderosos instrumentos de desmovilización política, de conservadurismo social y de tecnofacismo.
Cuarto: Una formación política crítica en medios de comunicación e información
Se pretende proporcionar elementos de análisis para acercarse a la comprensión de la forma como funciona el modelo de propaganda construido por el capitalismo y el imperialismo, tanto para conocer uno de los engranajes ideológicos, económicos y culturales centrales de la dominación capitalista, como para buscar vías alternas por parte de los movimientos anti sistémicos. Así como Lenin, por ejemplo, fue un teórico del periodismo revolucionario, cuando la escritura era una forma privilegiada de comunicación para concientizar obreros y campesinos, hoy sabemos que la escritura tiene un alcance reducido y limitado, por el peso apabullante de la imagen visual. En esa dirección, habría que proporcionar elementos que permitan combatir la desinformación y encausar formas de comunicación alternativas para los sectores populares, en las que estos mismos sean sujetos protagónicos.
En este tema es prioritario emprender análisis que ayuden en diversos frentes: el de la información y la desinformación propiamente dicha; el de la creación de instrumentos alternativos de información y comunicación; el de potenciar medios de toda índole (impresos, virtuales, visuales, radiales…) que apunten a formar otro tipo de opinión, que rompa con el dominio casi absoluto que hoy tienen los medios de comunicación convencionales, de tipo comercial, y que ideológica, cultural, social y económicamente responden a los intereses del capitalismo.
Una alfabetización política en el frente de la información es crucial porque ahí el triunfo cultural del capitalismo es indiscutible, y es por ese medio que se ha creado el prejuicio de que no existen alternativas, que el capitalismo es eterno, que forma parte de la naturaleza humana, y tonterías por el estilo que forman parte del sentido común de buena parte de la humanidad. Como lo dice Pascual Serrano:
Si no desarrollamos un espíritu crítico y un sentido de búsqueda de la información alternativa a las vías formalmente establecidas, estamos condenados a la desinformación, a la incapacidad para comprender nuestro mundo y, por tanto, incapacitados, para actuar en libertad. [5] 
Aunque no se trata de renunciar a la utilización de las nuevas formas de comunicación de tipo virtual (internet, redes sociales…), es recomendable combinar su uso con el empleo de los medios convencionales, como prensa escrita, libros, conversaciones en directo, porque la política virtual es la negación de la política, como se demuestra a diario con la ruptura que ha significado para las diversas izquierdas el apostarle a formas de comunicación virtuales como forma de sustituir el trabajo político cara a cara, que paradójicamente queda en manos de la derecha más reaccionaria, como lo hacen, por ejemplo, los pastores evangélicos y cristianos.
Una alfabetización política en materia de información y comunicación debe situar la explosión actual de información en su justa dimensión, como una forma paradójica de desinformación generalizada e intoxicación masiva y debe proporcionar herramientas e instrumentos que permitan discernir lo que es importante y lo que no lo es, lo que es verídico y lo que es mentira, lo que sirve para reforzar la dominación y lo que podría utilizarse para combatirla.
Esa alfabetización está relacionada con un aspecto esencial de la lucha y el quehacer político: el manejo del tiempo, puesto que es bueno recordar que, como decía Oscar Wilde, la lucha por el socialismo necesita de muchas tardes libres. El tiempo es algo que se nos expropia y mercantiliza todos los días y a cada hora: no tenemos tiempo para nada importante en la vida, pero sí para banalidades, como estar consultando el celular cada dos minutos o enviar estúpidos mensajes por whatsap , en forma delirante; no tenemos tiempo para nuestros hijos y amigos, pero sí para estar al tanto de los chismes de la farándula o del fútbol; no tenemos tiempo ni para leer ni escribir, pero sí para estar al día en el último grito de la moda en materia de una nueva aplicación para el celular… En fin, el tiempo es un asunto crucial en el frenético mundo actual y por tal razón debe ser también un aspecto central en un programa de formación política, que apunte a la cuestión de cómo recuperar el tiempo para las cosas importantes de la vida, y una muy significativa es la acción política.
En conclusión, una formación política anticapitalista en estos momentos requiere de una educación temporal, que nos ayude a orientarnos en medio del despojo generalizado que sufrimos de nuestro propio yo, expropiación en la que participamos activamente porque le hemos dejado al capital que nos administre hasta los elementos más recónditos y privados de nuestra existencia y hasta el último minuto de nuestro tiempo, como lo hace a través del celular y sus diversas variantes. ¿Y si eso no es político, entonces cómo se puede catalogar?

Notas
[1] Wolfgang Streeck, ¿Cómo terminará el capitalismo? Ensayos sobre un sistema en decadencia, Editorial Traficantes de Sueños, Madrid, 2017, p. 18.
[2] Citado en Manuel Casal Lodeiro, La izquierda ante el colapso de la civilización industrial. Apuntes para un debate urgente, Editorial La Oveja Roja, Madrid, 2016, p. 43.
[3] Jorge Rietchmann, Un poquito de física, un poquito de matemáticas, un poquito de economía política, Rebelión, mayo 6 de 2015.
[4] M. Casal Lodeiro, op. cit. , pp. 64-65.
[5] Pascual Serrano, Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo, Editorial Península, Barcelona, 2009, p. 594.

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Aproximémonos al pensamiento de un movimiento mapuche que es ya memoria viva y horizonte futuro

Nación Mapuche.
Héctor Llaitul y la CAM:

Crónica de la palabra de un weychafe en la capital del Reino.

Resumen Latinoamericano / 21 de noviembre de 2018 / Voces en Lucha

“Hablamos de esta posibilidad concreta de situarnos, de reconocernos y de autoconvocarnos como Nación mapuche”

Hay quienes te enseñan con sus actos, con su trayectoria personal y política, que hay una dignidad más grande que la vida misma. Eso, que resulta fácil de formular, difícil de asimilar e imposible siquiera de imaginar para muchas cabezas, la primera persona que nos lo enseñó en el largo periplo de Vocesenlucha por las tierras del Abya Yala fue Héctor Llaitul Carrillanca. Para el mundo, vocero político de la Coordinadora Arauco Malleco. Para nosotros, además, maestro y peñi o lamngen, que quiere decir hermano en mapudungun, la lengua mapuche.
Estos días recibimos consternados la noticia de un nuevo asesinato a un comunero mapuche en el sur de Chile por parte de las “fuerzas de orden” del Estado chileno. Camilo Catrillanca, de 24 años, era padre de una niña de 4 meses y nieto del Lonko de la comunidad Temucuicui, en la comuna de Ercilla. Camilo regresaba a su casa en su tractor después de una larga jornada de trabajo cuando fue baleado por miembros del “Comando Jungla”, que en la tarde del pasado miércoles 14 de noviembre desplegó un violento operativo en la comunidad sembrando el pánico entre los comuneros, muchos de los cuales corrieron a refugiarse en los cerros de los alrededores. Un grupo de niños trató de entrar al lugar donde Camilo estaba siendo atendido antes de fallecer. La policía los golpeó y detuvo a algunos de ellos. Junto a Camilo, fue herido un menor de edad. Trasladado a un centro de salud, este fue inmediatamente rodeado por un operativo policial. El Comando Jungla es un grupo de élite de Operaciones Especiales de Carabineros (policía chilena) de unos 80 hombres que ha recibido entrenamiento en EEUU y en Colombia en técnicas de contrainsurgencia y que algunas informaciones apuntan que vendrá a entrenarse igualmente en España para combatir a las comunidades mapuche. Esto se enmarca en el “Plan Impulso Araucanía”, que implica un incremento de la militarización de los territorios mapuche por parte del Estado chileno. Una iniciativa del actual gobierno del derechista Sebastián Piñera que ha sido catalogada como una especie de “Pacificación de la Araucanía 2.0” y que da continuidad a las políticas emprendidas por anteriores gobiernos dizque progresistas como el de Michelle Bachelet.
El pasado octubre llegaba a España el flamante presidente de Chile, quien, en lo que los medios definieron como una visita exprés, fue recibido por los reyes de España después de participar en un foro económico llamado “Desafíos en Chile. Hacia un crecimiento integral, inclusivo y sostenible”, organizado por el diario El País. Sebastián Piñera también se reunió con el presidente Pedro Sánchez y mostró su interés por “atraer inversiones de España en áreas como infraestructura, banca y turismo”.
Días después recibimos en Madrid otra visita también de apenas 24 horas, la del werken (vocero) mapuche Héctor Llaitul Carrillanca, quien no fue recibido por reyes ni presidente del gobierno. Héctor viajó a Ginebra para denunciar ante la ONU el perseguimiento que vive su pueblo, en especial el papel de las transnacionales en los territorios mapuche. “Sobre la marcha”, como él dice, pudimos extenderle la invitación para que se dejara caer por estas tierras de quijotes, coronas y quebrantos. Desde Vocesenlucha nos encargamos de coordinar las actividades en Madrid, con la colaboración imprescindible en la organización de las compañeras de la Coordinación de Apoyo al Pueblo Mapuche – Trawunche Madrid y del colectivo América Latina Soberana, además de otros compañeros que pusieron su granito en una apretada agenda que dio para un conversatorio en Lavapiés, una cena colectiva en el espacio de Los Comunes, una rueda de prensa en la librería Traficantes de Sueños, una reunión en el Congreso de los Diputados con parlamentarios sensibilizados con la causa, una entrevista en el programa de radio de la cadena Ser Punto de Fuga y otras reuniones bilaterales con personas y organizaciones del ámbito de los derechos humanos. Todo esto antes de partir hacia Bilbao en el viejo rocinante asmático de Vocesenlucha.

La CAM, una organización que revolucionó con su pensamiento y su acción política las luchas originarias y emancipadoras del continente americano.

A través de las palabras de su vocero, pretendemos rescatar algunas líneas del pensamiento de un movimiento mapuche que es ya memoria viva y horizonte futuro, la Coordinadora Arauco Malleco, la CAM, una organización que revolucionó con su pensamiento y su acción política las luchas originarias y emancipadoras del contin
continente americano y del que este weychafe (guerrero mapuche) fue fundador.  Es esta una especie de crónica de esa palabra y pensamiento mapuche nacido del alma de las comunidades en lucha. Es este siquiera un intento de rescatar algunos trazos de esa voz portadora de una dignidad más grande que la vida misma.

A Héctor lo conocimos en 2015, cuando en el inicio de un recorrido de dos años por América Latina y el Caribe, tras sumergirnos en la realidad de las luchas populares del pueblo chileno, viajamos desde Santiago de Chile hacia el Sur, deteniéndonos en Concepción, comienzo del territorio histórico del Pueblo Nación Mapuche, el Wallmapu. Héctor por aquellos días cumplía condena en la cárcel de El Manzano, donde iríamos a visitarlo. Sin embargo, antes de llegar nosotros a Concepción le otorgan el régimen de libertad diurno. Es por eso que nos encontramos en ese espacio que llamamos, ingenuamente, “libertad”.
En ese primer acercamiento a Héctor nos sorprende su seriedad, su rigurosidad en las preguntas, su insistencia en llevar las cosas a lo concreto, a ese espacio de las palabras donde todos podamos entendernos. Fue claro con nosotros. “Recién salgo unas horas al día de la cárcel, esa nueva situación me obliga a trabajar en una pega frente a un ordenador, yo, que no me llevo con la tecnología, y el resto del tiempo lo dedico a mis hijos, no puedo andar dedicándoles tiempo a ustedes”. Irrefutable argumento. También fue cristalino con lo que podía pasarnos si teníamos algún tipo de relación con él. “Hace poco botaron del país a unos documentalistas que estaban apoyando al pueblo mapuche”, “yo estoy considerado como terrorista para el Estado chileno”, “hay muchos otros movimientos y expresiones mapuche, esta es sólo una, pueden acercarse a otras”.
A pesar de sus intentos de sacarse de encima a estos blanquitos, Héctor no es de esa clase de personas que se limita a lo discursivo, te larga su rollo y allá te apañes. Quizás porque entiende lo ideológico como ese espacio donde está presente tanto lo espiritual como lo material, que ama y defiende la vida, se preocupó de cosas tan básicas como dónde pasaríamos esa noche. Héctor nos enseñó porque nos cuidó. Y porque nos cuidó nos enseñó. Poco o nada sabíamos por aquellos días sobre la lucha del pueblo mapuche. Eso tenía sus cosas buenas y sus cosas malas. Todavía no sabemos bien por qué, pero seguimos tejiendo. De esos comienzos de relación con la realidad mapuche nacieron tres documentales. En ninguno de ellos aparece Héctor. Sí sin embargo su pueblo, el pueblo por el que lucha, producto de lo cual ha debido soportar largos períodos de prisión y largas huelgas de hambre que dejaron secuelas en lo orgánico, pero enaltecieron su dignidad a la vez que la del pueblo mapuche.

A última hora de la tarde solía preguntarnos la hora. Debía regresar en la noche a la soledad de las rejas, símbolo palpable de la criminalización contra este pueblo. En una ocasión le pregunté si no tenía reloj, a lo que me respondió que no. “Creo que tengo por ahí uno que no uso”. Escarbando en uno de los bolsillos de mi mochila, encontré un sencillo reloj digital negro con pulsera de goma. Se lo alcancé. “Puedes quedártelo”. “No acepto regalos”, me dice pensativo. “Podemos hacer un intercambio”, añade. “Puede ser a cambio de tu libro”, le pregunto. “Ya, listo”.

“Costó un mundo llegar a estos lugares”, comienza confesando Héctor en el Centro Cultural de Lavapiés, apenas dos horas después de que su avión procedente de Ginebra aterrizara en Madrid, y aún con algunas molestias producto de la conjunción de las alturas y las secuelas de las huelgas de hambre. “Estamos muy agradecidos porque es la primera vez que la CAM tiene una expresión a nivel internacional. Llevamos más de 20 años como movimiento, como organización, y nunca antes habíamos enviado ningún representante, y a mí me toca el honor de hacerlo después de muchos esfuerzos por parte de nuestra gente, de comunidades y de personas en específico”. Antes de comenzar a llenar de contenido sus palabras, Héctor quiere dejar claro que él solo representa una expresión del pueblo mapuche. “Yo no soy el representante de todo el pueblo mapuche. Yo represento una expresión de la lucha de mi pueblo en la actualidad. Yo hago vocería desde la organización a la que pertenezco, la CAM”.

“Hay una situación de expoliación, de usurpación del territorio mapuche,
 del Wallmapu”
La historia mapuche
El profesor y sociólogo Marcos Roitman Rosenmann, de origen chileno exiliado después del golpe de Estado de Pinochet, hace una introducción histórica al conversatorio en Lavapiés, donde señala que en América Latina, con Estados construidos de manera monoétnica, “los únicos conquistados son los pueblos originarios, todos los demás somos conquistadores”. Esos pueblos han sido “sometidos, conquistados y utilizados como mano de obra barata”. “Los primeros ejércitos y Fuerzas Armadas se foguearon matando a los pueblos originarios. También ya con los Estados nacionales”. “La lengua del conquistador articula una visión del mundo. La Memoria de los Pueblos originarios es oral. Negarles el uso del lenguaje es negarles su memoria, su vida, su historia”. Son estas algunas de las frases de la exposición del profesor Roitman. Precisamente por esa historia comienza Héctor Llaitul su relato.
Estamos ubicados en el Cono Sur, en lo que se conoce como Chile, pero también hay mapuches del lado argentino. Un pueblo originario que ahí habitaba antes de la llegada de los invasores. Nuestros grandes referentes surgen de esa época, de hacer frente a la arremetida, a la conquista y a la invasión de parte precisamente de España, en ese tiempo un imperio que a través de la conquista de nuestros territorios del Abya Yala arremetió con mucha fuerza en contra de distintos pueblos originarios. Pero con el pueblo mapuche hay una situación encontrada. Jamás fue sometido por el Imperio español. De eso podemos dar cuenta con mucho orgullo.
Sin embargo, se empieza a conformar esto de los Estados nacionales, surge Chile, surge Argentina, en un contexto donde el comercio va entregando una particularidad, la intromisión del capital foráneo, por lo tanto el afán de Chile y Argentina es reconquistar los territorios mapuche. Y por eso se desarrolla esto que se conoce, y quizás sea el hito más importante, como la invasión del Wallmapu, llevada adelante por dos Estados, por el chileno, con la campaña militar conocida como la Pacificación de la Araucanía, y por el argentino, con lo que se conoce con la Campaña del Desierto, ambas campañas binacionales que arremetieron con mucha fuerza, en un ejercicio concreto de exterminio, campaña político-militar hasta que definitivamente obtuvieron esta conquista, derrotar a nuestro pueblo y someterlo a un régimen de ocupación de tipo colonial que se mantiene hasta el día de hoy. Hay una situación de expoliación, de usurpación del territorio mapuche, del Wallmapu, el territorio ancestral mapuche, de más del 95% de esta territorialidad. Ese hito marca un antes y un después. De ahí nacen las contradicciones que vivimos hoy día con el Estado chileno y el Estado argentino.

“Hoy en día la realidad es que el sistema de propiedad usurpada se sostiene en la industria forestal”
La tercera invasión
En esa historia de opresión y resistencia, Héctor Llaitul identifica tres invasiones: “una, la del Imperio español, dos la del Estado Nación chileno y tres la del capital monopólico financiero, la arremetida del capitalismo en la territorialidad ancestral”. “¿Cómo se instaló el modelo neoliberal en el Wallmapu?”, se pregunta.
Con la contrarreforma territorial, a raíz del golpe militar y la dictadura de Pinochet, se desarrolla una verdadera revolución de la economía en esta parte. Hay una transformación de toda la territorialidad, de toda la estructura que existía en nuestro Wallmapu ancestral. Se nota principalmente por la introducción del monocultivo, específicamente de las plantaciones de pino y eucalipto en donde el Estado compromete toda su fuerza, toda su capacidad. La dictadura le entrega principalmente las tierras a las forestales, a las corporaciones chilenas, y con el tiempo esta situación ha ido transformándose en el verdadero enemigo del Pueblo Nación Mapuche. Hoy en día la realidad es que el sistema de propiedad usurpada se sostiene en la industria forestal.

La CAM
De esa situación de despojo y de la articulación de una resistencia de más de 500 años es heredera la lucha organizada en torno a la Coordinadora Arauco Malleco, nacida a finales de los años 90.
La CAM surge en un contexto, hace ya 20 años. Hay un hecho puntual, los sucesos de Lumaco, donde se queman los primeros tres camiones por parte de comunidades movilizadas que desarrollaban un proceso de recuperación territorial, específicamente en contra de una forestal. Ahí se visibilizó y se entendió el problema de fondo, la contradicción fundamental: entender a nuestro enemigo, cuál es nuestro enemigo y de alguna manera cómo entrar a confrontarlo. Nosotros hacemos un análisis del cuadro, de la realidad del momento y hacemos la valoración de que se agotaron los mecanismos institucionales, se agotaron los mecanismos internos de reclamación de nuestros derechos. Por ello había que pasar a una fase de antagonismo frente a un enemigo muy definido.
Veinte años de confrontación directa contra el capital monopólico nacional y extranjero que ha dejado una de las historias de lucha y resistencia más impresionantes y revolucionarias del continente. Un hito extraordinario en América. Su concepción política, método de lucha y nivel de conciencia ética caracteriza a la CAM como una de las expresiones de lucha, resistencia organizada y pensamiento político más avanzadas, frontales y consecuentes en la batalla contra el capitalismo.

“Es la disputa territorial la que ha generado esta situación de violación de derechos a nuestras comunidades”

La propuesta política
La situación de ocupación, sometimiento y opresión histórica hacia el Pueblo Nación Mapuche es la que define el nacimiento de una propuesta política, la que nos hace levantar a nosotros dos concepciones. Una, la concepción de reivindicación territorial y política. Y la otra, la concepción de levantar un proyecto de liberación nacional mapuche, que es lo que nos convoca a nosotros en la CAM. Hay una disputa territorial, que es el trasfondo del conflicto. Es la disputa territorial la que ha generado esta situación de violación de derechos a nuestras comunidades. No es casual que opere así el Estado chileno, y en el último tiempo el Estado argentino. Y tiene que ver con el despertar de un pueblo. Tiene que ver con esta capacidad que va teniendo nuestro pueblo, nuestra gente, de asumir la defensa de los territorios y los recursos y plantearse incluso esta concepción de libertad que nos legaron nuestros antepasados, que nosotros la situamos en la reivindicación de la autonomía para la Nación Mapuche.
Son efectivamente estos dos conceptos, autonomía y Pueblo Nación Mapuche, dos elementos centrales en la propuesta política de la Coordinadora Arauco Malleco. La pregunta es ¿qué entiende por autonomía el pueblo mapuche y en concreto la CAM?

La autonomía
Nada tiene que ver la defensa y la reivindicación de autonomía del pueblo mapuche con la concepción de autonomía que se tiene en este lado del mundo, con la España de las autonomías como forma de organización político-territorial de regiones y nacionalidades. La propuesta de autonomía del pueblo mapuche tiene que ver con soberanía. Tiene que ver con independencia política, con la administración de recursos que hoy les son negados. Autonomía tiene que ver con la tierra como valor de uso y no como valor de cambio, en consonancia con la cosmovisión del pueblo mapuche, en relación de reciprocidad y respeto hacia la vida. Autonomía para la CAM tiene que ver con independencia de partidos políticos y de otras instituciones del Estado chileno. Autonomía para el movimiento mapuche organizado tiene que ver con la recuperación de la propia identidad como pueblo, la resignificación de sus espacios territoriales y sagrados, el cuidado de su lengua. Autonomía tiene que ver con el ejercicio de una justicia y una economía propias. Autonomía mapuche tiene que ver con el derecho de autodeterminación. Tiene que ver por tanto con la asunción del concepto de Pueblo Nación Mapuche.

Yo pertenezco a un pueblo, un Pueblo Nación. Ya estamos acuñando esto del concepto de pueblo nación con más fuerza, por los significados, los componentes que hay ahí. Hablamos de esta posibilidad concreta de situarnos, de reconocernos y autoconvocarnos como Nación mapuche. Y lo decimos porque aquí están todos los elementos para el efecto. A través de parlamentos [firmados con el Imperio español], que deben estar aquí en los museos de España, se reconocía la soberanía de nuestro pueblo, y una territorialidad y una capacidad socioadministrativa, política, de autonomía para la nación mapuche. Eso existió, y esa es una de las reivindicaciones que nosotros hacemos. Es decir, esta posibilidad de territorio definido, esta posibilidad de organización social, política, ideológica, que nos permite un destino común, una situación común en todos los ámbitos, con cultura, con cosmovisión, con pensamiento, con idioma, es lo que caracteriza y particulariza a la Nación Mapuche. Esos elementos están todos presentes en nuestro pueblo. Hay que recuperarlos. Esa es la lucha.
Este ejercicio partió con la lucha muy concreta de la recuperación de las tierras, lo que a nosotros nos lanzó como actor político. A la CAM se la conoce muy fuertemente por haberse hecho cargo de la recuperación de tierras, más allá de lo simbólico, en los hechos. Es la posibilidad de hacerse con los recursos para la reconstrucción de nuestro pueblo, pero no visto solamente en esta concepción económica o material sino desde la perspectiva simbólica, cultural, ideológica, inclusive espiritual de lo propiamente mapuche. La autonomía la CAM la ha entendido como la lógica central, como un proceso de descolonización ideológica, cultural, de mirada, de actitud, de valores. Tiene que ver con la resignificación, con la recuperación de lo propio, de la identidad y tiene que ver con el compromiso de asumir la lucha de un pueblo, una lucha desigual, el imaginario de David contra Goliat.

El conflicto
Con lo dicho hasta ahora queda claro que el antagonista en el conflicto del pueblo mapuche no es otro que los grandes intereses capitalistas y los Estados chileno y argentino, que nacen precisamente como gendarmes de esos intereses y que hoy día avalan y protegen las inversiones de transnacionales principalmente madereras, pero también hidroeléctricas y mineras.
Es un choque inevitable de dos lógicas, dos realidades, la de la reproducción del capitalismo, con las forestales, y la reconstrucción de un mundo mapuche, que tiene que ver con el tejido social, político, ideológico que nos legaron nuestros antepasados.
Esta es una realidad que nos situó en una lucha de tipo anticapitalista muy fuerte, porque si nosotros reivindicamos la realidad mapuche, el mundo mapuche, la cosmovisión mapuche, la forma de entender este mundo, la forma de relacionarnos con la tierra, nos obliga a la defensa de nuestros espacios, incluso definición del espacio en una forma significativo-cultural muy potente. Tiene que ver con esa relación insondable, muy poderosa, de que nuestros hermanos están ahí en relación con la naturaleza. Por lo tanto en contra de la situación que generan las políticas extractivistas hay una relación de contraste muy poderosa. Eso nos lleva a levantar una posición muy radical de lucha.

La violencia
Hay una cosa que nos llamó la atención respecto de esa radicalidad de la que la CAM se ha hecho portadora. Radicalidad, como señala Roitman, y para que se entienda en estas tierras, en el sentido martiano del término, que no es otro que el etimológico: “Radical no es más que eso: el que va a las raíces”, afirmó Martí. Algo así fue lo que nos llamó la atención de la CAM: ese ir hasta las raíces del monstruo siendo capaces de enarbolar la bandera de una ética extraordinaria que ama y defiende la vida. Como nos explicaba Héctor en una conversación informal caminando por las calles de Madrid, al fin y al cabo “se trata de una lucha por la vida”.
Nosotros hemos sido conocidos con alcance a nivel internacional porque la CAM se hacía cargo de las operaciones o de las acciones directas que se llevaban adelante. Acciones principalmente de sabotaje en el marco de la autodefensa y la resistencia de nuestros territorios, de nuestro hábitat, de nuestras comunidades. Situación muy compleja de poder visibilizar en un sentido integral, pero basta decir que estas acciones aisladas, no son acciones indiscriminadas sino acciones que deben ser situadas en un contexto de reivindicación de los derechos político-territoriales. Y que tiene que ver con las comunidades, con la deliberación de ese tejido en reconstrucción, no puede ser en otro marco.

“En nuestras definiciones y praxis política anticapitalista, tenemos claro quiénes son nuestros principales enemigos”.

La violencia, la violencia histórica, la violencia política, está como elemento central en esta confrontación, desde el momento mismo en que nosotros defendemos los territorios, la autonomía y la libertad que desarrollaron nuestros antepasados y desde el momento mismo que a través de una campaña político militar se arremete y se nos sostiene en esta situación de opresión como pueblo, más el régimen de ocupación colonial que permanentemente hemos vivido con la supresión de todos nuestros derechos. Hay ahí una señal muy clara de la violencia política por parte del Estado. Está en lo estructural, en lo superestructural, en lo ideológico, en lo cultural. Si además a esto le agregamos el componente de racismo o el discurso racista como ingrediente, como componente, es una situación muy violenta en la que se ha mantenido al Pueblo Nación Mapuche.
En su libro Weichan, Héctor Llaitul explica con detalle esa perspectiva ética de la CAM: “en nuestras definiciones y praxis política anticapitalista, tenemos claro quiénes son nuestros principales enemigos y por eso no damos prioridad a lidiar con latifundistas y parcelarios. Nuestros enemigos son las forestales y los grandes latifundistas. No planteamos acciones ofensivas, ni siquiera contra la fuerza policial que sostiene hoy una forma de ocupación y militarización. Como es evidente al analizar nuestro accionar, no propiciamos muertes ni pretendemos dañar a las personas. Nunca hemos planteado emboscadas. Pese a todo, incluso a circunstancias como las actuales, nos identificamos con valores, con propósitos nobles. Buscamos reconstruir armonía, buscamos justicia, luchamos por restablecer un tipo de sociedad mapuche sana y justa”(1).

La criminalización
Durante una cena compartida en el espacio de Los Comunes, después del conversatorio, Héctor nos relata cómo en uno de los varios aeropuertos por los que ha pasado en estos días de periplo europeo, en un control policial aduanero apareció todo su expediente. “¿Usted es Héctor Llaitul?”, le pregunta el policía de turno, “Sí, ese soy yo, todo lo que pone ahí es cierto, y usted me haría un gran favor a mí y a mi pueblo si me detuviera”. El policía se le queda mirando y sin muchas ganas de líos estampa su sello en el pasaporte de Héctor. “Puede continuar”.
Héctor recibe la noticia de que la PDI, policía de investigaciones de Chile, ha detenido a su hijo Ernesto Llaitul
“Pensar trae consecuencias. La discrepancia se elimina quirúrgicamente”. Así comienza el texto de Marcos Roitman, La criminalización del pensamiento. Lo que se criminaliza, más allá del actuar, es el pensamiento, porque es el pensamiento lo que precede a la acción organizada.

No es solamente en el terreno de los hechos, es también de los planteamientos, de lo teórico, que surge desde el Pueblo Nación Mapuche. Esto es muy valorable, al menos algunos lo sentimos así, porque somos los mapuche los que estamos levantando de nuevo el rakiduam y el proyecto político que nos legaron nuestros antepasados. Eso es un hecho inédito, porque antes eran otros los que planteaban estrategias de liberación y de lucha.
Es por eso que molesta tanto la propuesta política de una organización como la CAM. Y es por eso que el pensar y el actuar de la CAM tuvo consecuencias en sus 20 años de existencia: persecución, asesinato o encarcelamiento de dirigentes y weychafes mediante montajes político-policiales. Una criminalización brutal que llevó a Héctor Llaitul y otros comuneros a soportar largos períodos de cárcel, debiendo asumir otras formas de lucha como la huelga de hambre. Hasta 82 días pasó el propio Héctor sin ingerir alimentos.
La lamngen Nélida Molina, portavoz de la Coordinación de Apoyo al Pueblo Mapuche – Trawunche Madrid, denunció en el conversatorio de Lavapiés cómo la Ley Antiterrorista permite la detención preventiva sin pruebas, hasta que el Estado consigue el montaje, y así es como durante meses y años pueden estar detenidos para llegar a juicios en los que finalmente salen libres”.

Apenas unos minutos después de salir de los estudios de la Cadena Ser en la calle Gran Vía, tras participar en el programa de radio Punto de Fuga, Héctor recibe la noticia de que la PDI, policía de investigaciones de Chile, ha detenido a su hijo Ernesto Llaitul. Se le acusa de portar un bidón de gasolina y un hacha, productos que si bien resultarían sospechosos en las arterias del centro de Madrid, no pasan de ser usuales instrumentos de trabajo en los territorios donde Ernesto vive, en pleno campo. Héctor trata de comunicarse con alguien para saber algo más sobre la detención. Son momentos de preocupación y poca claridad respecto de los hechos.

La policía se ha militarizado en el Wallmapu. Hablamos de efectivos muy bien dotados en términos bélicos, con armamento ya de guerra”

Puede parecer casualidad que Ernesto Llaitul pasara la noche detenido irregularmente, sin notificación alguna de tal detención, mientras Héctor se reunía en una sala del Congreso de los diputados con parlamentarios de diferentes agrupaciones políticas para denunciar la situación de persecución y criminalización que vive el pueblo mapuche, en particular la aplicación de la Ley Antiterrorista, la reciente Operación Huracán y el Comando Jungla, ese mismo que hoy asesina a un comunero mapuche por la espalda.
Si ustedes viajaran al Sur se darían cuenta de la militarización. La policía se ha militarizado en el Wallmapu. Hablamos de efectivos muy bien dotados en términos bélicos, con armamento ya de guerra. Hablamos de miles de efectivos apostados en zona de conflicto, con blindados, con helicópteros, artillados, avionetas de vigilancia, e incluso con esta capacidad de no ser detectados, sistemas de vigilancias, drones, el Comando Jungla, equipo especializado que se entrena en Colombia, en EEUU y que probablemente también se venga a entrenar a España. Estos elementos dan cuenta de un escenario más complejo, mayor. Estamos hablando no solamente de la Ley Antiterrorista sino de la Ley de Inteligencia, que sostiene a un estado y a la clase dirigente, donde están los entes persecutorios a todo nivel, y que aúna todos estos esfuerzos desde el poder, desde las Fuerzas Armadas, desde los partidos políticos, desde el empresariado, en sostener un sistema de vigilancia y monitoreo en contra de toda la población, pero que está hoy día direccionado en un sentido antidemocrático, oscuro, que incluso hace prácticas de los tiempos en que operaba la DINA y la CNI [órganos de inteligencia de la dictadura], con agentes, con infiltración y con muchos recursos.
Si los españoles llegaron diciendo que nosotros éramos sanguinarios, sin alma, primitivos, a los que con la cruz y la espada se tenían que someter, posteriormente, cuando se conforma el Estado nación chileno dijeron los mapuchitos que había que civilizar, o éramos los indios flojos y borrachos,… ese estigma constante, desde los tiempos de la conquista hasta los tiempos actuales, que hoy día somos definidos de violentistas y terroristas. Tiene que ver con eso, con reproducir en todos los entes del aparato estatal, de la lógica del poder en su conjunto, desde los medios de comunicación, la educación, el discurso político, la visión racista, para la estigmatización y finalmente la eliminación de nuestro pueblo.

El Pueblo chileno
Son muchas las voces, tanto de periodistas como del público asistente al conversatorio en Lavapiés, que se interesan por la relación de la lucha del pueblo mapuche con el movimiento popular chileno, con el pueblo de Chile. Inquietud compleja a la que Héctor intenta dar respuesta.

“la lucha del pueblo mapuche no va a ser posible sin la lucha del pueblo chileno”

Yo he sido mandatado para hablar del pueblo mapuche, y no de lo que le pasa a los chilenos o de las posiciones de los chilenos, pero comparto el análisis de que el conflicto más importante o más serio que tiene el Estado chileno es con la causa mapuche. En Chile no hay otro conflicto con perspectiva que dé cuenta de una defensa mayor en el sentido de los derechos de los oprimidos. Duele un poco pero es la realidad. El enemigo es común, la oligarquía nos tiene oprimidos al pueblo nación mapuche y al pueblo chileno, por lo tanto debiera haber procesos que vayan concatenados, con sus autonomías, con sus procesos propios, y que nos vamos a encontrar seguramente, vamos a converger, porque el enemigo es común. Y ojalá que, con esta mirada autonomista, se reconstruyan mundos de justicia y de poder en el campo popular en el caso de ustedes o de los chilenos, pero estos esfuerzos serán de los chilenos, nosotros lo único que podemos decir es que las luchas se tienen que hermanar, necesariamente. Convivimos en una territorialidad. No todo el pueblo chileno nos acompaña, ahí hay un trabajo que hacer al respecto, pero hay solidaridad de la gente común, a pesar de los medios de comunicación, donde el 99,9 % pertenecen a los poderosos. Hay redes, hay otras cosas que dan cuenta de la justeza de nuestra lucha y esto nunca lo van a callar, porque está en la humanidad de los chilenos en general y de los latinoamericanos, y de ustedes también en otras expresiones, porque si lo planteamos bien el acompañamiento existiría.
Como conclusión a este punto, traza unas palabras que dan que pensar: “la lucha del pueblo mapuche no va a ser posible sin la lucha del pueblo chileno”. En estos días después del asesinato de Camilo Catrillanca, se multiplican las manifestaciones en distintos puntos de Chile. Protestas que dejan un saldo de más 40 detenidos.
Mapuche significa `gente de la tierra’. Mapudungun es el `habla de la tierra´. Toda esa dimensión cosmovisionaria tiene que ver con la lucha por la sustentabilidad, el equilibrio, la reciprocidad, el amor, la fuerza que nosotros sentimos por nuestros hermanos en la naturaleza, árboles, ríos, vertientes, agua, todo. Lo vemos más allá que en un plano económico o material, es la forma de vida. Con eso yo me despido, les agradezco, y bueno, en mapudungun nosotros decimos Amulepe Taiñ Weichan, “la lucha continúa”, Wewaiñ, `Triunfaremos’, ¡Marichiweu!

Con estas sentidas palabras finaliza el conversatorio. Tal y como él mismo dice, Héctor Llaitul solo representa una expresión del movimiento mapuche. Una expresión de lucha autonomista, mapuchista, de una claridad política y de una dignidad que sólo puede ser un ejemplo para todas aquellas voces que aspiren a construir una realidad alejada de los postulados capitalistas. Más ética, más bella, y por lo tanto más humana. Más acorde con ese buen vivir que persigue la lucha de los pueblos originarios.

Lolita Chávez: “las multinacionales no entienden
que lleguemos a dar la vida por defender el derecho a existir de la tierra”.

Hoy, ante la noticia de un nuevo corazón mapuche y comunero asesinado a balazos por parte del Comando Jungla, ese que Héctor denunció en Madrid, recordamos las recientes palabras de la defensora de derechos humanos del pueblo K’iche, Lolita Chávez Ixcaquic: “las multinacionales no entienden que lleguemos a dar la vida por defender el derecho a existir de la tierra”. He ahí esa dignidad más grande que la vida misma de la que los movimientos organizados de los pueblos originarios son portadores. Llegar a dar la vida por una vida digna colectiva. Eso nunca podrán entenderlo aquellas cabezas dominadas por la epidemia neoliberal. Tampoco entienden que no hay Estado, ni ejército, ni Comando Jungla que pueda acabar con esa dignidad.
Dignidad que queda patente en el funeral del comunero Camilo Catrillanca, donde miles de corazones en lucha le rindieron un sentido homenaje bajo la cosmovisión mapuche. Allí estuvo presente Héctor, quien llamó a la resistencia y reivindicó a Camilo Catrillanca como weichafe de la nación mapuche. “Nosotros entendemos que, en este camino, nuestro weichafe nos dará la energía necesaria para seguir combatiendo a nuestros enemigos, quienes están en el sistema y el Estado capitalista”.
En la tarde de un jueves de un octubre que agoniza, a lomos de nuestro pequeño Rocinante abandonamos la ciudad de Madrid después de un día intenso, rumbo a Bilbao, donde Héctor continuará con su agenda de actividades y reuniones. Mientras tomamos la carretera de Burgos, habla por teléfono con una radio chilena que le entrevista por la detención de su hijo.  Unas horas después, nos enteramos que Ernesto ha sido puesto en libertad con arraigo nacional, lo que le obliga a firmar una vez al mes ante Carabineros. Un nuevo hostigamiento contra un movimiento que sabe cuál es el verdadero enemigo y hacia él enfoca su lucha.
En este reencuentro con Héctor en tierras castellanas, en su muñeca izquierda llevaba puesto el reloj digital negro que un febrero de 2015 saqué del bolsillo de una mochila que nos acompañó durante dos años por las tierras del Abya Yala. Nosotros guardamos su libro Weichan como uno de nuestros textos más queridos, un verdadero tesoro de sabiduría mapuche, portador de esa palabra y ese pensamiento preñado de lucha por la vida digna.
(1) Héctor Llaitul y Jorge Arrate, Weichan. Conversaciones con un weychafe en la prisión política, Santiago de Chile, 2012, Ceibo ediciones, pp. 293-295

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